El Ni�o Fidencio.

Revisi�n:  19 Febrero 2,013


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dr. Leopoldo Castro e  Ing. Ra�l Cadena Cepeda.   Enero 2004

 1- Antecedentes:

He preparado este ensayo sobre un fen�meno religioso y cultural que se llev� a cabo en nuestro pa�s, durante las primeras d�cadas del siglo pasado, y que a�n ahora perdura como una profunda raigambre en el sentimiento m�stico de las clases populares del norte de M�xico, y el Sur-Este del los estados Unidos de Norte Am�rica.

El ser humano no puede desprenderse de la necesidad de protecci�n contra las calamidades que el designio a veces le depara. Y desde luego no puede suprimir el innato deseo de definir su rumbo, en el tr�nsito por esta vida terrena.

Si tomamos en cuenta que todos vivimos restringidos en el tiempo y el espacio por l�mites muy estrechos, l�mites que son desde el punto de vista del espacio, el de estar anclados a superficie de este planeta tierra, sin poder emigrar a ning�n lado. Y desde el punto de vista del tiempo, a nacer y morir, en un intervalo no mayor de 120 a�os.

Entonces a veces nos cuestionamos: � A que viene todo esto ?    � Tiene alg�n sentido el esfuerzo por vivir, y el estar sujetos a tantas carencias y sufrimientos.?

La respuesta la encuentran los pueblos de acuerdo a su nivel cultural, filos�fico y religioso. Nivel que puede ser ser elevado o primitivo.

En esta b�squeda todos nos encontramos en alg�n lugar intermedio de ese camino del conocimiento. Podremos conocer su principio, pero nunca su final.

Para ello debemos recurrir a la historia y repasar el lento y penoso tr�nsito de los pueblos, en la b�squeda de las verdades trascendentes.

Si ocurriese ahora una terrible calamidad, como una guerra at�mica, un desastre metereol�gico de inimaginable magnitud, podr�a desaparecer la civilizaci�n como la conocemos. Y quiz� algunos individuos sobrevivieran y se reinstalar�a una nueva sociedad de caracter�sticas primitivas ( recordemos el planeta de los simios.) En este caso seguramente ver�amos como el ser humano inventar�a nuevamente sus dioses, y volver�an a aparecer los grandes megalitos, las inmensas pir�mides, las mitolog�as y por �ltimo las grandes religiones.

Pero no necesitamos destruir la humanidad para apreciar este fen�meno. En algunos casos se nos presenta una oportunidad de oro. Una oportunidad de ver recreada la historia de las religiones, mediante un experimento local.

Ese es el fen�meno que ahora estudiaremos, con la aparici�n de esta naciente religi�n del " Ni�o Fidencio".

Para entender este movimiento m�stico, es necesario apreciar el entorno cultural que lo arrop�.

Nosotros en M�xico vivimos en un mundo m�gico, donde pretendemos influir en el destino y manejar las fuerzas naturales con herramientas sobrenaturales. �sto es lo que la iglesia cat�lica ha predicado desde la conquista espiritual de la Nueva Espa�a.

Para ello, en este pa�s las clases acomodadas recurren a la doctrina del cristianismo ortodoxo,  otros recurren a diferenetes religiones y por �ltimo los mas heterodoxos practican diferentes rituales como el chamanismo, la magia, el candombe o el santerismo.

De cualquier manera todos nos acercamos a esa fuente: Lo metaf�sico, y lo que suponemos es la fuerza de lo sobrenatural.  

 

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

 

Lo anterior se refleja en los rituales que diriamente observamos: Los ricos viajan a Roma, a recibir la bendici�n del santo padre, o a Lourdes.

Las clases medias van a Atlanta a ver las apariciones de la virgen que por arte de magia, transforma las medallas de cobre en oro puro. O quiz� a San Juan de los Lagos.

Los pobres visitan la bas�lica de Guadalupe, se ponen una penca de nopal en cada rodilla y hacen peregrinaciones de rodillas para expiar las culpas. Y los paup�rrimos viajan a espinazo, en pos de las bendiciones de:

                                                      El ni�o Fidencio. 


Este ensayo trata de un fen�meno trascendente en la vida espiritual que se da en el norte de nuestro pa�s. Y que representa el movimiento m�stico religioso que cre� este curandero de Espinazo, Nuevo Le�n en las primeras d�cadas del siglo XX.

Suponer que Fidencio fue solo un chamn o un curandero desorientado es tomar el tema demasiado a la ligera, pues la penetraci�n que tuvo ese hombre en la mente popular, va mas all� de lo que se espera de un mero charlat�n.

Pues a pesar de casi no saber leer y escribir, y no haber creado un esquema �tico y moral, a�n medio siglo despu�s de su muerte, contin�a el culto  a ese sant�n, y persisten las peregrinaciones a Estaci�n Espinazo. Y sus seguidores siguen practicando los rituales de esa religi�n que les ense�� el ni�o Fidencio.


Cuando caminas por una carretera, ves el paisaje que te rodea, pero casi nunca est�s consciente del material que soporta el camino. La tierra que est� varios metros bajo tus pies es un elemento que escapa a tu consideraci�n. Sin embargo ese mundo subterr�neo existe; as� como existe tambi�n en tu mente, este pensamiento primitivo que da forma a los mitos y la religi�n.

Nosotros los cat�licos no hemos podido conjugar un esquema metaf�sico consistente, pues la evoluci�n del pensamiento ortodoxo Romano se ha encaminado en la direcci�n del mito, el ritual, el dogma y la intolerancia. Estos elementos promovidos institucionalmente y que se consolidan con los documentos del concilio Vaticano l.

Y por otro lado, estamos inmersos en el pensamiento cient�fico y racional, que no se mezcla con el dogma y la f�. Estamos como el aceite y el agua.

Ante ese conflicto, los cat�licos pensantes consideran una dualidad de las realidades del mundo. La verdad cient�fica o de los sentidos, y la realidad de la religi�n.

Y para mantener ambos sistemas de pensamiento en armon�a, �stos pensadores dan por sentado que los postulados doctrinales son solo decorativos, y sirven para sostener un esquema social, y una maquinaria jer�rquica encaminada a preservar las buenas costumbres y el orden establecido.

Esto sucedi� en forma id�ntica con la religi�n Romana antes de Cristo, cuando el pante�smo era visto por todos, como una farsa que hab�a que preservar. ( Excepto por Simaco y sus seguidores.)

Y para evitar calentar mas el caldero, quienes vivimos en una sociedad mas o menos culta, ( y mas o menos  dogm�tica y supersticiosa ) no prestamos atenci�n a las creencias de la mayor�a de los mexicanos, quienes aceptan una simbiosis en la realidad del universo. En ellos, el mundo de los sentidos y el mundo de lo sobrenatural se mezclan de manera arm�nica y sin conflicto.

As� es con los pobres y los ignorantes. Para ellos el mundo tiene una sola realidad, y �sta es la de lo sobrenatural.  La realidad de la ciencia y de los sentidos es un mero reflejo de la verdadera existencia de las cosas, que se manifiesta con la magia, la superstici�n y la religi�n.

Por �sto, los movimientos m�sticos en este pa�s no se han opacado. Y Fidencio se r�e de nosotros desde la tumba.


Hace mucho tiempo, cuando era ni�o, ( En 1948 ) visit� un zool�gico en la ciudad de M�xico. Ver tigres y leones fue muy llamativo para m�.

Sin embargo algo en esta visita, me dej� preocupado, cuando recorr�amos las jaulas de los simios, uno de ellos se acerc�, y se me qued� mirando.

Qued� impresionado por la similitud de ese animal con la nosotros, los seres humanos. Y al ver su actitud y apreciar su inteligencia, qued� convencido de que la diferencia entre nosotros no es cualitativa, sino solo de grado.  

Ra�l Cadena, en la hacienda del muerto. A diez Km. de Espinazo N. L.  Enero 2004

Otro fen�meno que observ� en esa ocasi�n, es que los adultos evitaban  permanecer mucho tiempo frente a esa jaula. Percibir la conducta sexualmente promiscua de los simios que se masturbaban, era demasiado para la sensibilidad de ellos. Y pensar aunque fuese por un momento, que ten�an un v�nculo con esos bichos semihumanos, era demasiado.

Lo mismo nos sucede a nosotros, no deseamos interiorizarnos mucho en lo que apreciamos como supersticiones de las clases ignorantes. Por temor a comparar nuestra "respetable" religi�n con estos mitos.

Pero ahora,  es una buena ocasi�n de intentarlo.

 

 2- Rese�a hist�rica.

En las d�cadas de 1930 y 40, comenz� a correr el rumor entre los pobres de este pa�s, sobre un extra�o personaje que habitaba en un remoto lugar, en el desierto de Nuevo Le�n, que pose�a poderes extraordinarios, y al igual que Cristo curaba a los enfermos.  

El ni�o Fidencio;  Estatura: 1.80 m.; color de piel blanco; Ojos verdes y cabello casta�o.

Que era un " Ni�o Santo. " Y que adem�s de no cobrar por sus servicios ten�a una comunicaci�n especial con Dios, que le permit�a interceder ante �l por la salud f�sica y espiritual de los afligidos.

Por supuesto que este mito que se cre� de la noche a la ma�ana y se extendi� como reguero de p�lvora, no parti� de la nada:

El ni�o curaba.

Desde luego que no todas las enfermedades, ni siquiera la mayor�a. Pero algunos enfermos si sanaban. Y cuando �sto no era as�, el paciente se sent�a tan aliviado que era casi como haber sanado.

Otorrinolaring�logo popular.

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

Todos sabemos que los m�dicos  curan enfermedades con la medicina. Pero en muchos casos el paciente se cura por obra de la sugesti�n. Tambi�n se da el caso de que se cure solo a pesar de los esfuerzos del m�dico, en el sentido contrario.  

Que importante es mencionar ahora el tema de las curaciones.  Recordemos que Cristo se hizo conocido n� por su mensaje metaf�sico, o su llamado �tico y moral.

Jes�s de Nazaret se hizo popular por los milagros, especialmente los de curaci�n. No olvidemos que lleg� al extremo de resucitar a L�zaro. 

( Aunque solo fue para la foto, ya que al poco tiempo falleci� nuevamente. � O alguien lo ha visto por las calles  �ltimamente.?)

Por ello, la nuestra, es una religi�n para pedirle a Dios, nunca es para ofrecerle. Y podemos hacer penitencia, pero para obtener algo a cambio. Bajo ese esquema de trueque floreci� el mito del curandero de Espinazo.


Espinazo, es una estaci�n del ferrocarril que une los Estados de Nuevo Le�n y Coahuila. Se encuentra en medio del desierto y no existe ninguna poblaci�n de importancia en los alrededores. Hasta hace poco, solo se pod�a llegar ah� empleando el sistema ferroviario mexicano.   26*16' N --101*06'W

Ahora ya no existe transporte ferroviario de pasajeros, pero hay un acceso moderno y muy transitable por carretera. ( Monterrey - Monclova )

 

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Jos� Fidencio Constantino S�ntora, naci� el 18 de Noviembre de 1898, en el rancho de las cuevas, en Ir�muco, Guanajuato.

Su padre fue el jornalero, no ind�gena: Socorro Constantino, casado con Mar�a Tr�nsito S�ntora, no ind�gena.

Tuvo 4 hermanos, Buenaventura, Socorro, Joaqu�n y Fulgencia

A la edad de 10 a�os, qued� hu�rfano de padre y madre.  Su hermano dos a�os menor que l, Jos� Joaqu�n Constantino, fue su compa�ero inseparable.

Asisti� a la escuela de Ir�muco Gto., donde curs� hasta el tercer a�o de primaria.

En 1904 conoci� a un compa�ero de clase, que ser�a con el tiempo su protector, y con el que sostendr�a una relaci�n de amistad que durar�a toda la vida.

Enrique L�pez de la Fuente fue su amigo, y viv�a en ese lugar con su t�o Segura, quien era el sacerdote del pueblo.

Aunque sin ninguna preparaci�n formal, Fidencio estuvo siempre muy cercano a la Iglesia cat�lica. Durante esa �poca, comenz� a presentar algunos aspectos de su personalidad que lo diferenciaban de los dem�s.

Por un lado, no se desarrollo sexualmente. Siempre fue lampi�o, con voz de soprano y nunca tuvo relaciones sexuales.

Por otra parte, comenz� a adivinar el pensamiento de sus compa�eros de juegos. Cosa que generalmente le acarreaba una buena paliza de sus amigos, quienes no compart�an las mismas aficiones teleps�quicas.

En 1912 el joven Enrique se traslad� a Morelia Michoac�n, acompa�ado por Fidencio quien trabajaba para la familia del primero, en las labores de la cocina.

Al a�o siguiente Enrique se enrol� en la revoluci�n mexicana y no se volvieron a ver, hasta el a�o de 1921.

Poco despu�s, Fidencio se contact� con su hermana Antonia, que viv�a con Lucio L�pez de la Fuente, en Loma Sola Coahuila ( cerca de Espinazo ) , para irse a trabajar con ellos.

En 1913, teniendo Fidencio 15 a�os,  Enrique L�pez se hace cargo de Fidencio y lo inscribe en la escuela de Mina, Nuevo Le�n, Poblaci�n cercana a Espinazo.

Fidencio era un ni�o muy reservado, que no participaba en los juegos con sus compa�eros y le gustaba asistir a los oficios religiosos. Ah� curs� el tercer a�o de primaria. Despu�s de lo cual fue mandado a trabajar como pastor en la hacienda " Larralde�a ".

Despu�s trabaj� un tiempo con Don Antonio L. Rodr�guez, en la mina de San Rafael.

En 1921 lleg� a Espinazo, donde se qued� hasta su muerte, en 1938.


Enrique L�pez de la Fuente combati� a las ordenes de Francisco Villa, obteniendo el grado de coronel, en el a�o de 1916.

Particip� en combates importantes, como la toma de Torre�n de 1914, Un d�a pas� por Espinazo donde trab� amistad con el propietario de una hacienda, Don Teodoro Von Wernich. Y Enrique se qued� a trabajar con �l.

Habiendo nacido un hijo de Enrique, ( Ulises ) tuvo la necesidad de una persona que lo cuidase y Enrique recurri� a su antiguo amigo, quien fue llamado a continuar a su servicio. As� lleg� Fidencio a Espinazo, en el a�o de 1921.

A partir de esa fecha comenz� Fidencio a llamar " pap� " a Enrique; y as� continu� toda su vida.

 

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

A partir de 1921, Fidencio comenz� poco a poco a alternar su trabajo de pastor, con el de curandero.

El prof. Heliodoro Gonz�les Vald�s,  esposo de Fabiola y l�der intelectual de esta religi�n, nos comenta lo siguiente:

( Nota; ver la nota que me envi� antes de morir. Al final de este ensayo. )

" En un lugar cercano a Espinazo existe una comunidad que en ese tiempo llevaba por nombre estaci�n Luna. Ah� viv�a una familia de muy buena posici�n econ�mica, compuesta por el se�or Manuel R�os y Mar�a Zapata, quien estando embarazada y llegando la fecha de dar a la luz, no pudo dar a luz, muriendo su hijo en su vientre.

Al tercer d�a y corriendo el riesgo de muerte por ser imposible el traslado a la ciudad, para recibir atenci�n, alguien mencion� que en Espinazo hab�a una persona que se dec�a estaba realizando curaciones con los habitantes del lugar. R�pidamente Don Manuel env�o un arm�n con dos trabajadores de la v�a del ferrocarril para que fueran a traer a Fidencio para que atendiera a su esposa.

Fidencio inmediatamente acudi� al llamado, traslad�ndose en el mismo arm�n de Espinazo a estaci�n Luna, distancia que en ese tipo de veh�culo se puede realizar en una hora aproximadamente. 

Al llegar Fidencio fue conducido a la habitaci�n en que se encontraba la se�ora Zapata, e inmediatamente la prepar� y pidi� que le dieran una botella de vidrio, procediendo a romperla para escoger el mejor pedazo, que le sirviera para cortar como si fuera un bistur�.

Acto seguido Fidencio le practic� lo que hoy conocemos como una ces�rea, sac�ndole el ni�o completamente negro, pues como se menciono ya tenia tres d�as de muerto.

La se�ora se salv�, y posteriormente sigui� teniendo familia. Guardando un gran respeto y admiraci�n hacia Fidencio.

El se�or R�os agradecido y emocionado pregunt� a Fidencio la manera de pagarle el servicio. �l solamente le dijo   -- S� es posible, y si usted quiere que me lleven de regreso, en la misma forma en que me trajeron, eso es suficiente para mi --.

As� fue, y Fidencio fue llevado de regreso a Espinazo."

 

Foto: Ra�l Cadena:     Enero 2004

En 1927, ya era conocido ampliamente en la regi�n, por sus habilidades de curandero.

 Sobre el asunto, transcribo el siguiente documento:  


Asunto: Consulta.

Al ciudadano Secretario General de Gobierno de Monterrey, N. L.

Con el presente oficio, me permito poner en conocimiento de Usted, a un curandero, que supongo que es l�rico, pues es un hombre embustero que est� enga�ando al p�blico. Que cura sordos, ciegos, mudos, paral�ticos y muchas otras enfermedades.

No les cobra nada por curarlos. Les llena botellas de agua y se van para distintos rumbos. Pero es un esc�ndalo.

Y a nadie sana. Al contrario, se le han muerto dos personas en la casa del primero, y el otro se muri� solo.

Se levant� el acta de defunci�n, de no conocido, otra mujer de lo mismo, esta no se ha levantado, pues no sabemos como se llama, ni a que edad muri�.

S�rvase ordenarme como le doy entrada en los libros.

Este curandero le importa poco como se llama la enfermedad que est� curando. Ser�a vueno que lo exsaminara un consego m�dico.

Est� embromando las enfermedades, y a �ltima hora no las sana, porque no cura con medicina de patente, solo con yerbas cosidas y selas da que selas tomen.

Fabor de contestarme tocante a esta difuci�n. No se sabe la edad ni el nombre, ni donde es su recidencia. ( sic, sic, sic )

Sufragio efectivo, No reelecci�n.

Espinazo N. Le�n a 15 de Agosto de 1927

El juez del registro Civil

Tom�s Olivares.


En vista de lo anterior, el secretario general de Gobierno, le comunic� al presidente municipal de Mina N. L, que investigase el caso, y de resultar delitos en contra de Fidencio S. Constantino, �ste fuese trasladado a Monterrey, para ponerlo a disposici�n del Gobierno.

El Presidente de Mina, N. L., contest�:

" En fecha 17 de los corrientes, esta presidencia Municipal, comision� al C. secretario del ayuntamiento, para que en compa��a del comandante de la polic�a, de esta Villa, se trasladara a la hacienda de Espinazo, a investigar los hechos que el C. jefe del juzgado civil de esa hacienda denuncia.

Por el informe que rinde la secretar�a a esta presidencia Municipal, se deduce que el curandero Fidencio S. Constantino, no cura ni pretende curar sordos, ciegos mudos y paral�ticos. Es simplemente un curandero que atiende a las enfermedades que son subseptibles a curaci�n. Habiendo en la actualidad un buen n�mero de personas curadas con sus tratamientos, quienes testifican estos hechos, etc. etc.------

Sufragio efectivo, No Reelecci�n.

Mina N. L. Agosto 26 de 1927

El Presidente Municipal.

D�maso C. C�rdenas."


El gobierno del Estado de Nuevo Le�n, retir� su demanda en contra de Fidencio y la fama de �ste comenz� a esparcirse muy r�pidamente en todo el norte del pa�s. Y tambi�n entre la poblaci�n mexicana del Estado de Texas.  

Pero su prestigio no se qued� en el de un simple curandero. Dadas sus dotes naturales, clarividencia y telepat�a, aunada con su misticismo santulario. Se form� una imagen de sant�n  ( ni�o santo.) Una situaci�n similar a la de Mesmer, pero con el soporte adicional de la religi�n. Lo cual dio un momntum espectacular a su prestigio personal.

Por supuesto que Fidencio no hacia milagros, ni curaba nada. Pero los pacientes s cre�an que lo hac�a, y se sent�an sanados. Y esto era mas que suficiente.

Se hab�a creado un mito. La simple presencia de Fidencio bastaba para aliviar cualquier mal.

El ni�o trabajaba plazos agotadores sanando sus enfermos. Era com�n la jornada in-interrumpida de 48 horas. Se supone que Fidencio muri� de cansancio.

Fidencio extrayendo una piedra ( 42 gr.) de la vejiga del ni�o Diego Brise�o.

Sus m�todos eran de lo mas heterodoxo. Generalmente daba pociones de te de la hierba gobernadora.

A los paciente graves los tocaba y rezaba junto a ellos. Operaba tumores y toda clase de anomal�a f�sica. Para �llo usaba un vidrio de botella rota. Nunca us� bistur�, a pesar de haber recibido algunos como regalo de sus pacientes.

Lo extra�o, es que a pesar de hacer cirug�a mayor, no usaba anestesia, y los pacientes no sent�an ning�n dolor. 

 

Fidencio en el momento de extirpar un c�ncer en una rodilla, empleando un vidrio como bistur�

Es interesante leer el reporte que hizo el Dr. Francisco Vela Gonz�lez, vicepresidente del consejo de salubridad del Estado de Nuevo Le�n, y publicado en el diario " El Porvenir ", en 1930. 

El Dr. Vela viaj� de inc�gnito a Espinazo, con el prop�sito de cerciorarse de lo ocurrido en ese   " campo del dolor ". Armado de pistola en la cintura, c�mara fotogr�fica y los ojos abiertos, se present� en el campamento de Fidencio.

En su visita, pudo observar que se atend�an aproximadamente 1,500 enfermos de males contagiosos e incurables. 

Se dirigi� al peque�o teatro de la comunidad y ah� estaba Fidencio, rodeado de varias mujeres guapas y vestidas de blanco. A una de ellas le pidi� que lo presentara con el ni�o. As� lo hizo y Fidencio inmediatamente le tendi� la mano para saludarlo.

El Dr. Vela ( de inc�gnito ), solicit� al ni�o que le permitiera acompa�arlo para verlo trabajar. �l acept� y permiti� que le mostraran todo el campamento.

 Estaci�n Espinazo.

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

En un cuarto junto al teatro, estaba un paciente listo para operar, y lo rodeaban como treinta frascos llenos de tumores que Fidencio hab�a extra�do recientemente. Pudo observar uno grande como de medio Kilogramo, que le aseguraron hab�a extirpado de un pulm�n a un paciente. Que la operaci�n hab�a sido un �xito y el enfermo de recuperaba r�pidamente. ( Foto del paciente y la cicatriz, en P�g.. 80 bibl # 1). Era un lipoma grasoso, que seguramente no estuvo en el pulm�n, pero s� en la espalda.

Hab�a muchos tumores encapsulados del tipo benigno, y tres piezas cancerosas.

Despu�s pasaron al " c�rculo ", especie de palapa, donde Fidencio hac�a curaciones generales. Al lado est� el columpio donde cura a los dementes, los mudos y los sordos. Al lado poniente del " crculo " est� la sala de las parturientas, donde encontr� seis mujeres que hab�an dado a luz el d�a anterior.

Junto estaba una jaula con una pantera, a la que hab�an quitado dientes y garras. Ah� Fidencio arrojaba a los dementes o los mudos, quienes por el susto quedaban curados. ( Eso le aseguraron, pero no lo vio.)

En un rinc�n est� una pileta con algo que parec�a agua con cal. Esta poci�n la recetaba Fidencio para casi todas las enfermedades.

Despu�s pasaron al corral, donde dorm�an unos veinticinco dementes, durante el proceso del tratamiento por el ni�o. Habl� con ellos y le aseguraron que estaban muy aliviados.

Despu�s le ense�aron la Colonia de la Dicha, un conjunto de unas 15 casitas a unos 200 metros del lugar, y habitadas por 20 leprosos. Ah� Fidencio se sienta junto a un ba�o lleno de te de gobernadora y lo reparte a los enfermos , quienes cantan himnos de alabanza al ni�o.

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

Tambi�n pudo ver a una joven con acromegalia, que seg�n ellos estaba muy aliviada, pues a pesar de tener la cara inmensa, cuando lleg�, le llegaba hasta el est�mago.

En la ma�ana siguiente fue el Dr. Vela a inspeccionar el pante�n del lugar, d�ndose cuenta que exist�an mas de 2,000 sepulcros recientes. Despu�s de eso, regres� a Monterrey.

Fidencio no lucraba con sus curaciones, ni aceptaba ning�n pago por ellas. Dec�a que el no curaba, sino que era solo el intermediario de los poderes divinos.

Su faena favorita era atender parturientas, pero lo mas pintoresco de su tratamiento era el aplicado a los dementes. Estos eran sentados en un columpio y cuando estaban descuidados les lanzaba una naranja en la espalda. Aparentemente algunos quedaron curados.

La poblaci�n flotante de Espinazo aumentaba d�a a d�a. Los Ferrocarriles Nacionales transportaban miles de peregrinos diariamente. A todos los trataba Fidencio.

Dado que a pesar de su intensa agenda de trabajo, no pod�a atender a todos, hac�a curaciones masivas. Se sub�a a la azotea de su casa y desde ah� lanzaba naranjas a la multitud. Aquel que era golpeado por alguna, quedaba sanado.  

El Pirulito.

Nota: ver la an�cdota, del autor con el Pirulito. Al fin de este ensayo.

Fue tanta la fama que rode� a Fidencio, que el 8 de Febrero de 1928, fue visitado por el Presidente de la Rep�blica: Plutarco El�as Calles, quien acompa�ado por el Gobernador de Nuevo Le�n: Aar�n S�enz, y el General Juan Andrew Almaz�n, estuvieron es la " Cl�nica " de Fidencio, que consist�a en cuatro jacales, por mas de seis horas.

El presidente asisti� en contra de la opini�n de los m�dicos de la secretar�a de salud de Monterrey, quienes le advirtieron de los graves riesgos de contagio que hab�a en esa estaci�n. No es ocioso mencionar el desencanto que caus� en la comunidad m�dica regiomontana, el espect�culo de un presidente supersticioso.

Calles viaj� para ser curado de la lepra, y fue atendido por Fidencio, junto a los dem�s peregrinos que lo visitaron ese d�a.

Pero a Calles, le dedic� atenci�n especial. Fue tratado visti�ndolo con la manta que usaba Fidencio.

Tambi�n se le prepar� un brebaje de rosas y otros potajes. Mientras vivi�, Calles mand� mensualmente a un subalterno a Espinazo, para proveerse de medicinas.

No existen fotograf�as del evento, pues la guardia presidencial las prohibi�.

Pero a pesar de ello, no podemos pasar por alto, que esa visita marc� el concordato entre el Poder del estado, y la metaf�sica popular.

Es conveniente mencionar aqu�, que la Iglesia cat�lica no presento frente de batalla contra Fidencio, pues por una parte las autoridades eclesi�sticas abandonaron el pa�s de 1929 a 1931, por efecto del conflicto entre la iglesia y el gobierno. Por otra parte, el fen�meno Fidencista no se daba entre la poblaci�n " Pensante ", lo que hac�a suponer que era un hecho aislado y pasajero. Tambi�n hay que tomar en cuenta, que no es f�cil combatir a un predicador que cura a los pobres, y que no contradice en nada al dogma del catolicismo. El enemigo estaba adentro.

Casa del ni�o Fidencio, en Espinazo, N.L. --Foto: Ra�l Cadena, Enero 2004

En 1936 el Obispo de Monterrey, Jos� Guadalupe Ortiz y L�pez, gestion� un convenio con el ni�o Fidencio, para que este no siguiera administrando los sacramentos de la iglesia cat�lica. Lo cual era pr�ctica com�n en la iglesia Fidencista.

Para parlamentar con Fidencio fue comisionado le presb�tero Joaqu�n Tapia S�nchez, quien lo visit� en Espinazo.

Fidencio acept� los t�rminos impuestos por la jerarqu�a cat�lica. Sin embargo parece que le dio muy poca importancia al hecho, pues al poco tiempo segu�a impartiendo los sacramentos nuevamente.

Hay que considerar que el Fidencismo no es un curanderismo, es una mezcla entre los ritos del catolicismo, el santerismo y las curaciones milagrosas. Conjugado con algo de t�cnicas de sugesti�n y magnetismo, as� como bastante hierberismo. Sin embargo nunca recurri� a la brujer�a, el bayombe o los hechizos.

Todo esto, da la imagen de una nueva secta religiosa.

 

La charca.

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

Por otra parte, a pesar de que Fidencio era un ani�ado y algo retardado mentalmente, y sufr�a alucinaciones, ten�a un gran carisma entre la poblaci�n popular, quienes llegaron a considerarlo como una reencarnaci�n de Jesucristo.

A Fidencio no le desagradaba la comparaci�n y empez� a andar descalzo y vestirse como el Nazareno.

Poco a poco, se fue creando alrededor de Fidencio, una estructura administrativa. Aparecieron sus ayudantes en las curaciones " cajitas ", y las esclavas de Fidencio. Especie de enfermeras y afanadoras que asist�an en las labores cotidianas.

La poblaci�n de Espinazo creci� de unos cuantos cientos de habitantes en 1925, hasta 30,000 pobladores, seg�n el censo de 1930.  

 Estaci�n Espinazo Nuevo Le�n.

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

Espinazo, " la Meca del dolor." Sigue viviendo a�n despu�s de la muerte de Fidencio. Los "Cajitas", administran las curaciones a los visitantes que llegan en fechas predeterminadas. Sin embargo, los creyentes son principalmente adultos y viejos, y se nota una marcada ausencia de gente joven.

Lo anterior es solo una s�ntesis de un movimiento m�stico popular que amerita ser estudiado a fondo, pero para los fines de este ensayo es suficiente. Lo que pretendo ahora, es presentar algunas similitudes entre esas creencias, y las que profesamos actualmente.

 

3- An�lisis social.

En primer t�rmino, debemos definir que es el movimiento Fidencista .

Es una superstici�n, un mito, una hipnosis colectiva, � O es acaso una semi-religi�n.? 

Para poder contestar lo anterior, volvamos al ensayo:  Ciencia y Mito.

Vemos que la Religi�n tiene como finalidad la comunicaci�n del hombre con Dios, y la aceptaci�n de la voluntad divina. Y est� constituida por cuatro elementos:

Una Iglesia ( incluyendo su jerarqu�a ), un credo, un ritual, y un c�digo de conducta moral.

Relativo a la autoridad que avala los postulados de la religi�n, �sta es muy compleja, pues se fundamenta en revelaciones, inspiraciones de santos y ense�anzas de escrituras antiguas. Basado todo ello, en la interpretaci�n de una jerarqu�a eclesi�stica.

 

Caj�n.

Photographs � 1992 Dore Gardner,  from Nino Fidencio:

 A Heart Thrown Open, courtesy Museum of New Mexico Press, U.S.A.

En el caso del Fidencismo, nos encontramos que se lleg� a formar una incipiente estructura administrativa, a la que podr�amos llamar jerarqu�a. El credo estaba bien definido, pues todos cre�an en los poderes sobrenaturales de Fidencio.

Sin embargo, no encontramos en este movimiento, nada que se asemeja un c�digo de conducta moral. Lo que existe son remedos de la parte mas santularia del catolicismo, pero definitivamente no hay nada de reglas morales o c�digos �ticos de conducta.

Por otra parte, el credo no estaba bien estructurado, Fidencio no defini� nunca su posici�n dentro del universo metaf�sico.

Cerrar este cap�tulo con la conclusi�n de que el Fidencismo fue una mera superstici�n popular, puede ser v�lido en cierto sentido, pero dejar�amos de lado un aspecto muy importante que esta historia encierra.

En primer lugar, debemos considerar que este movimiento se gener� por una necesidad no satisfecha. La b�squeda del alivio de los males f�sicos, mentales y espirituales fue el motor de �ste.

En segundo t�rmino, caemos en cuenta que Fidencio si dej� satisfecha a la mayor�a de su clientela. A pesar de que las curaciones fueron muy cuestionables. Tan cuestionables como las de las v�rgenes y santos del catolicismo; la gente recibi� esperanza, auxilio y resignaci�n, y en muchos casos: Santa sepultura.  

Adem�s, podemos ver que una vez que se conjugan los anteriores elementos, que la necesidad de alivio es apremiante y que alguien presenta una posible cura, casi cualquier soluci�n tiene la misma validez.

No olvidemos que en el cristianismo el impulso inicial de la religi�n se obtiene por los milagros del Mes�as, especialmente la curaci�n de enfermos y la resurrecci�n de difuntos.

Es por ello que existe una gran cantidad de religiones, y los adeptos a todas ellas est�n plenamente convencidos de la validez de su credo. ( A veces con demasiado celo.)

Pero este �ltimo aspecto presenta cierto riesgo, pues una vez que se genera una religi�n, el c�digo moral que la acompa�a, se hace obligatorio para la sociedad.

Y otro asunto que hay que traer a colaci�n, es que las religiones se dan a plenitud, cuando reciben el reconocimiento del Estado.                                               

El ni�o Fidencio comenz� a ser realmente importante, despu�s de la visita del Presidente Calles.

Esto nos coloca ante un verdadero dilema, pues las jerarqu�as religiosas tienden a buscar el apoyo de los gobiernos. No olvidemos que el cristianismo fue grande despu�s del reconocimiento de Constantino. Y que antes de ello, los cristianos representaban menos del 10% del poblaci�n del imperio.

( ver tema: El fraude de la donaci�n de Constantino-- .)

� Que hubiese pasado si Fidencio hubiera vivido mas tiempo, tenido mejores asesores, y el presidente Calles se hubiese eternizado en el poder (como lo intent� infructuosamente)?. 

Posiblemente el panorama del Fidencismo, fuese no de una superstici�n, sino de un credo respetado y pr�spero.

Veamos que ocurre ahora en nuestro pa�s, con la gran cantidad de sectas que cubren la demanda de salud espiritual. Es un momento cr�tico, en el que el catolicismo no avanza intelectualmente y se repliega en santerismos, dogmas y rituales y su jerarqu�a se contgamina con aberraciones sexuales.

( Ver el diario de hoy:  Multitudes se aglomeran para venerar las reliquias de Santa Teresa en b�squeda de un milagro, para sanar sus enfermedades. )

� Alguna similitud con el ni�o Fidencio.?

Si, pero solo que mas macabro.

Por otra parte, es cierto que una vez que se siente uno desahuciado, cualquier esperanza es bienvenida.  

Fernando Elizondo, Ra�l Cadena y Leopoldo Castro,-   Foto: Ra�l Cadena

Nota: Fernando Elizondo, autor del libro:  "Dios y la verdad."

Junto a la tumba del Ni�o Fidencio. Enero 2004

 

Tuve un amigo, culto, racional y preparado. Se le diagnostic� c�ncer incurable, con pron�stico de vida de un a�o.

Recurri� a todos los curanderos y remedios naturistas inimaginables. Todos le aseguraban una recuperaci�n milagrosa. Fue un verdadero suplicio. Muri� al a�o.

Lo que de momento me viene a la mente, es que la sociedad se mueve hacia diferentes credos sin un an�lisis cr�tico de la situaci�n. Que un fanatismo de cualquier naturaleza puede encontrar campo f�rtil en las mentes de la poblaci�n inculta, o de los desesperados.  ( Hablo de cultura, no de civilizaci�n.)  

Foto: Ra�l Cadena

La charca, Enero 2,004

Sucia, triste y abandonada.

El fen�meno Fidencista nos lega una ense�anza. Cuando una necesidad colectiva existe y no se vislumbra una soluci�n, la comunidad escoge con ojos cerrados la primer alternativa a la mano. Y cuando aparecen los iluminados, las masas entran en estampida. Nada, ni nadie las detiene

Que una vez que se genera un mito, es inalterable, y el movimiento social es turbulento. Y los esquemas �ticos y morales se ven convulsionados.  

Y que la �nica manera de mantener un equilibrio entre la parte racional, y la intuitiva de la mente comunitaria, es mediante el an�lisis cr�tico y honesto de nuestras creencias, y de la percepci�n racional del universo.  

 

4- El Futuro del Fidencismo: 

Como Fidencio no dej� una jerarqu�a estructurada, despu�s de su muerte se dedicaron sus seguidores a dar forma a lo que ser�a el culto Fidencista.

Fabiola L�pez,  ( Hija de Don Enrique L�pez ), y su esposo el Profesor Heliodoro Gonz�lez fundaron la Iglesia Fidencista, la cual qued� registrada ante la secretar�a de Gobernaci�n como instituci�n de culto, el mes de Julio de 1993.

Fue Heliodoro Gonz�lez, el l�der intelectual del grupo, quien dio forma a la incipiente estructura org�nica de este credo, y al esquema metaf�sico del mismo.

Recordemos que Fidencio no defini� nunca su identidad, pues se consideraba solo como un intermediario de Dios con el resto del genero humano, para sanar las enfermedades y aflicciones de sus creyentes. Fue Gonz�lez, quien estableci� que Fidencio era un ap�stol mas de Jes�s de Nazaret.

 

Escrito con pu�o y letra de Fidencio, sobre su oraci�n a Dios padre.

 

Y una vez creada  la jerarqu�a de ese nuevo credo, se dio a la tarea, junto con Fabiola, de establecer la estructura org�nica de la misma.

Fabiola es la cabeza visible de la Iglesia " Fidencista Cristiana ".

Existen los siguientes cl�rigos, enumerados del nivel inferior al superior:

1- Medium unidades:  Con facultad de recibir al esp�ritu de Fidencio, pero sin posibilidad de realizar otras actividades.

2- Ministro Fidencista: Celebrantes en las ceremonias, seg�n la liturgia Fidencista. Con la facultad de comunicarse con el esp�ritu de Fidencio.

3- Predicadores guardianes: Misioneros que propagan la doctrina y palabra de Fidencio.

 

La Doctrina Fidencista se fundamenta en lo siguiente:

a- Servir al pr�jimo, haci�ndolo como un privilegio.

b- Actuar como instrumento de Dios, amando al pr�jimo como a uno mismo

c- Difundir la doctrina de Jes�s de Nazaret, entre todos sus semejantes.

Adem�s una de las funciones primordiales de esta iglesia, es la sanaci�n material y espiritual, la cual se da a trav�s de sus ministros, y se distingue ( Seg�n ellos ) porque en esta se presentan los mas hermosos milagros, y las curaciones mas dif�ciles.

Manifiestan sus adeptos:  " Esta es la iglesia del futuro, pues se adapta a las necesidades del mundo actual. Y es la �nica Iglesia nacida en M�xico."

En el a�o de 1996, contaba con 600 ministros activos, y un n�mero no cuantificado de seguidores.

 

 

An�cdota del autor, con el Pirulito.

 En Enero del a�o 2,004 un tornado  derrib� el �rbol Pirulito. �ste se encontraba a un lado de la v�a ferrea de Monterrey a Monclova.

Aprovechando la oportunidad el alcalde de Mina Nuevo Le�n, se lo llev�. Pretendoiendo utilizarlo como  atractivo tur�stico para la presidencia municipal.

En esa ocasi�n yo era el delegado federal de la Scretar�a de Comunicaciones y Transportes en Nuevo Le�n. Y ten�a dentro de mis funciones el resguardo del derecho de v�a ferroviario, en el estado.

Con esas atribuciones, gestion� el regreso del �rbol secuestrado, y  lo replant� en su lugar de origen.

Para agradecerme lo anterior, Magdalena Ibarra L�pez de la Fuente. ( Hija de Enrique L�pez ), me proporcion� documentaci�n de primera mano, sobre el tema que ahora trato.

 

 .

 


Agradecimientos:

Al Prof. Heliodoro Gonz�lez Vald�s, Autor de dos libros sobre el ni�o Fidencio. Y su esposa Fabiola,  ( Hija de Enrique L�pez) . Por facilitarme informaci�n de primera mano, sobre el ni�o Fidencio, y la Iglesia Fidencista.

Carta que me dirigi� el Prof. Gonz�lez, antes de morir ( En mayo 2004):

 

Ra�l Cadena Cepeda.

Rev: Enero 2,013

 


Bibliograf�a:

1- El ni�o Fidencio y el Fidencismo: ---- Fernando Garza Quiroz.

2- Art�culos del Dr. Francisco Vela--- El Porvenir 27 mayo, 4 Junio de 1930

3- Los grandes iniciados.----Eduard Schure.

4- Hipnotismo, magnetismo y sugesti�n.---Paul C. Jagot.

5- Self Hipnotism. ----Leslie LeCaron.

6- The Account; Relaci�n, el chamanismo.---- Alvar N�ez Cabeza de Vaca.

7- Historia de Dios.-----Karen Armstrong.

9- Una luz en el desierto:----Heliodoro  y Fabiola.

10- Cabalgando con Fidencio:-----Prof. Heliodoro Gonz�lez Valdez

   


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