Satanismo, Brujería, Exorcismo y Reliquias.

Este tema es uno de los mas cuestionados dentro de la fe católica. Generalmente nosotros, los creyentes, nos enteramos de estos tópicos a través de los filmes de exorcismo de Hollywood. De las prédicas dominicales en las iglesias, y de las consejas y charlas de las ancianas.

Es tiempo de desempolvar el desván, y ver que hay de cierto en todo ello.

Como es un tema muy amplio, lo dividiré en cuatro partes:

 

Desde luego que la Iglesia Católica, sostiene que existen los demonios. Y que pueden ser ahuyentados por un rito denominado exorcismo. Y que las reliquias de los santos, tienen valor de salvación.

ver: Cursos de exorsismo, en el vaticano

La ley canónica exige que todos los altares contengan alguna reliquia. La cual se recibe del almacén de reliquias del Vaticano. ( Generalmente por valija, o correo ordinario. )

Estas reliquias deben ser parte, de los huesos de algún santo, o mártir.


 

1- LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS.

Este tema es el mas sencillo de tratar. Desde luego que las reliquias guardan un valor sentimental para todos los católicos.

Sin embargo, no tienen ningún valor mágico, o curativo.

El efecto placebo, la histeria y la sugestión. Juegan un papel predominante en este asunto.

Debemos ser comprensibles sobre este tópico. Dado que los orígenes de esta costumbre provienen de la antigüedad. Cuando se creía que se podía manipular a la naturaleza, mediante fórmulas y encantamientos.

Y cuando toda la sociedad estaba inmersa en la superstición mas absoluta, prácticas cuyas raíces son marcadamente pre-cristianas.

Aún hoy en día. En mi ciudad, muchísima gente cree, que las enfermedades son causadas por el mal de ojo. Y pueden ser curadas colocando un huevo bajo la cama.

San Agustín, Obispo de Hipponna, menciona que todas las enfermedades que afligen a los cristianos, son causadas por los demonios. Y pueden ser curadas por intervención de los santos. Ya sea en persona, o mediante las sagradas reliquias.

 ( En donde yo vivo, esto es lo que enseña actualmente la iglesia católica. Ver:  las enfermedades y el pecado. )

En los evangelios leemos que Jesucristo y sus apóstoles, curaban enfermedades. Pero no se menciona nada de las reliquias. Cosa natural, debido a que en ese momento, no había muerto ningún santo cristiano.

Pero no podemos dejar a un lado el hecho, de que esto fue creencia general, en toda la edad media, y aún en parte de la época moderna.

Por ello, la iglesia fomentó prácticas, que ahora encontramos no tienen fundamento. Pero que no afectan la parte medular de la doctrina del cristianismo. 

Las reliquias de santa Rosalía, que se encuentran en un osario en Palermo, han sido desde la antigüedad, muy eficaces para curar múltiples enfermedades. Han sido generadoras de incontables milagros.

Sin embargo, analizadas cuidadosamente por un anatomista, el siglo pasado. Resultó que las veneradas reliquias eran los huesos de un chivo.

Sin embargo, la gente sencilla no lo cree, y los milagros continúan. " Un chivo milagroso. "

Sin ampliar mas este tema, sugiero ver:    Las reliquias de santa Teresa de Ávila, en Monterrey. 


2- Los fenómenos paranormales.   

La religión, la magia y la brujería, se fundamentan en la existencia de fenómenos paranormales. Estos fenómenos son sucesos que desafían las leyes naturales. O son acontecimientos naturales que nos parecen extraordinarios, por nuestra ignorancia sobre los mecanismos de operación de la mente humana. 

No podemos tocar el tema de la brujería, el satanismo y la superstición, sin recurrir a algunos elementos formales, que nos orienten en el desarrollo de estos tópicos.

Especialmente por el hecho, de que estos asuntos se han visto envueltos tradicionalmente, en una aura de misterio, medias verdades, esoterismo o simples fantasías.

Pero hay algunas cosas que suceden, al margen de nuestro conocimiento, y son verdaderas.

Pues no todo lo que no conocemos, es porque no existe.

Recordemos que la ausencia de prueba de un fenómeno, no es la prueba de su ausencia.

En primer término les comentaré, que hace tiempo, incursioné en este campo de lo paranormal. Y que las experiencias que viví, son las que refiero. Y que desde luego cualquiera de ustedes, puede recurrir a la experimentación para comprobar las hipótesis aquí planteadas.

En el año de 1957, al iniciar mis estudios de preparatoria, trabé amistad con un pequeño grupo de estudiantes, quienes como yo, eran ratones de biblioteca.

Además de las actividades académicas, asistíamos a eventos culturales.

En una ocasión, se presentó en el auditorio de la escuela, un hipnotizador. Realizó una excelente faena. Todos nos quedamos atónitos.

Buen trabajo, especialmente lo logrado con un sujeto al que hipnotizó rápidamente. Lo  hizo ladrar como perro, y comer una salchicha. Este personaje era amigo mío.

Y en honor a esa amistad, me comentó después, que todo había sido una farsa. Que el evento era auspiciado por la sociedad de ex-alumnos para recabar fondos para la fiesta de graduación, y para hacerlo interesante, idearon la farsa del hipnotizador.

Mis amigos y yo, nos sentimos ofendidos. Y decidimos estudiar algo sobre ese asunto, para no volver a ser, pasto fértil de los engaños.

( Estrategia que sugiero, a mis amigos católicos.)

Formamos, pues la: " Sociedad para el estudio de lo paranormal. " No sabíamos desde luego, en donde nos metíamos.

Comenzamos a estudiar el asunto de una manera totalmente informal y desorganizada.

Visitamos brujos, videntes, hipnotizadores,  zahoríes, y desde luego, fuimos a estación Espinazo, a conocer el lugar de " El niño Fidencio. "

Y tratamos de duplicar los experimentos que leíamos, en los libros de lo paranormal.

Un total desastre.

Pero con el tiempo, creamos una metodología razonable. Y estudiamos algunos fenómenos interesantes. La sociedad se disolvió en 1959, al entrar todos nosotros a la Universidad. 

A pesar del corto del tiempo, sí realizamos experimentos dignos de mencionarse.

Tratamos en vano, de reproducir los fenómenos de la telepatía, telekinesia, levitación, el aura, viajes astrales, fantasmas, Guija, premoniciones y visión del futuro.

Nada logramos en ese ámbito. Excepto quizá, un par de experimentos que no me puedo explicar, relativos a la adivinación de cartas, y a la transmisión de imágenes y sensaciones a distancia. Acontecimientos que atribuyo, a simples coincidencias.

Desde luego que no puedo afirmar categóricamente que no existen estos fenómenos, pues como mencioné en párrafos anteriores: La ausencia de prueba de un fenómeno, no es la prueba de su ausencia. 

Pero donde si tuvimos suerte, fue en el estudio sistemático del hipnotismo, el magnetismo animal, y la sugestión.

Nuestro libro de texto, fue:  " Hipnotismo, magnetismo y sugestión ", de Paúl C. Jagot, edic. 1957.

Texto bastante didáctico, pero dada la fecha de su publicación, ahora lo considero obsoleto. En ese libro el autor presenta experiencias de primera mano sobre la hipnosis. Bastante bien fundamentadas.

Y también incluye un extenso apartado sobre los fenómenos paranormales. Los cuales son reproducciones de otros investigadores, mismos que yo considero infundados.

Sin embargo son una buena guía para conocer la experimentación paranormal

Bien: Ahora entremos en materia:


El hipnotismo es un estado de perturbación temporal de la personalidad. En este estado, los pensamientos y acciones del sujeto, son condicionados por un operador. De esta manera, el sujeto cree vivir un escenario que le plantea el operador, como si estuviese en un sueño.

El sujeto es desde luego, la persona hipnotizada. Y el operador es quien la hipnotiza.

No es factible hipnotizar a todo el mundo.  Los sujetos susceptibles, son apenas el 25% de la población. Y se requiere para lograrlo, la existencia de una persona con las siguientes características :

Y desde luego, conocimiento y habilidad, por parte del operador.

Bien, ahora es importante mencionar, que existen dos maneras de hipnotizar:


2.1 - El hipnotismo sensorial, o magnetismo.

¿ Que es el magnetismo. ?

Si tomas un voltímetro muy preciso, y mides la diferencia de potencial, entre partes de tu cuerpo, notarás, que en las puntas de los dedos, en la lengua, y en los empastes de los dientes, hay un diferencial de voltaje, entre un lado del cuerpo, y el otro.

Si tomas una placa fotográfica, y en un cuarto oscuro, colocas la mano sobre ella. Y al cabo de 30 minutos la revelas. Aparecerán marcas en los lugares donde estaban los dedos, en forma de haces, o efluvios.

Estas son algunas de las manifestaciones del la pequeñísima corriente eléctrica que circula por el sistema nervioso humano.

El hipnotismo por magnetismo, hace uso de esas débiles señales, para comunicar un mensaje entre el operador y el sujeto.

Como podréis observar, este mecanismo de comunicación es muy rudimentario, y puede trasmitir sensaciones de proximidad, de calor y quizá algo de magnetismo. ( Caso no comprobado. )

Pero hay un procedimiento, para lograr el hipnotismo con esas primitivas herramientas.

Y una vez logrado el trance hipnótico, el operador cambia de mecanismos, empleado ahora la sugestión.

Este procedimiento es el usado por los brujos, que mediante pases " magnéticos." adormecen a sus pacientes. También Cristo usó sin querer este sistema: " ¿ Quien me ha tocado.?                Dijo. "  Dirigiéndose a la hemorroisa, después de haber sido tocado por ella. "

Y las tradicionales " Barridas de pirul ", tienen algo de esto.

Debo mencionar que este procedimiento, lo iniciaron los seguidores del niño Fidencio, empleando ramas del pirul sagrado, de estación Espinazo.

Fue Mesmer, quien popularizó este sistema de curación, y dominio de la personalidad.

El niño Fidencio, lo empleó también profusamente. Y con resultados excelentes.

Los estadíos por los que cruza un paciente magnetizado, son los siguientes:

El procedimiento de operación, a grosso modo, es el siguiente:

Colocado el sujeto de pié y los ojos vendados, dando la espalda al operador, Éste último acerca las palmas de sus manos, a unos centímetros de lo omóplatos del sujeto. Sin tocarlo.

El operador, sin hablar, y con la mirada fija en la nuca del sujeto, logra hacerlo caer. Siempre hacia atrás. Esta es la etapa de la credulidad. ( De ambos. )

Con una serie de pases de la mano derecha, sobre el brazo izquierdo. Logra que el sujeto quede totalmente inmóvil de esa extremidad. Se repite la operación y se traban los músculos.

Pases de las manos, abiertas o cerradas en forma de cono, por la frente y cuerpo del sujeto. Se logra la eliminación de la sensibilidad.  El objeto con los ojos abiertos, sin parpadear, como fascinado. Estado cataléptico.

Teóricamente es posible pasar a las siguientes fases, utilizando solo el procedimiento sensorial. Yo no lo observé nunca así. Puesto que de este momento en adelante, es posible emplear el método por sugestión, el cual es mas rápido y efectivo.

Continuando con los pases, se logra el estado letárgico. El sujeto emite ruidos guturales con la laringe. Se inicia el sueño Letárgico.  Analgesia completa en la piel.

El operador presiona el vértice de la cabeza, y logra el estado sonambúlico. El sujeto puede efectuar los actos automáticos mas complicados, bajo el mandato del operador.

El procedimiento que he delineado anteriormente tiene múltiples variantes, es difícil de llevar a cabo, y tiene varias graves desventajas:

Sin embargo, este sistema sensorial de hipnotismo, fue el mas socorrido por los iluminados y brujos de la antigüedad. Pues se logra que el sujeto sienta, o deje de sentir, de acuerdo a los deseos del operador. Y esto hace creer al paciente que se ha curado de tal o cual enfermedad. 

No es así. El hipnotismo no cura nada, excepto el temor. ( Que es la enfermedad mas extendida, en nuestro tiempo.)

 

2.2 - El hipnotismo por sugestión.

La mente humana se encuentra separada en dos grandes divisiones. La parte que maneja el pensamiento consciente. Y la que maneja el inconsciente.

Cuando estamos despiertos opera la primera.  Y cuando dormidos, la segunda.

El hipnotismo por sugestión, consiste en permitir al operador, entrar en contacto con la mente inconsciente cuando el sujeto está despierto, mediante sugestiones verbales.

Transportarlo a un estado similar al de estar dormido, en el cual el operador, maneja los sueños.

Menciono con énfasis, el contacto verbal, pues la mente subconsciente se comunica no con ideas, sino con verbalizaciones.

Los estadíos que se logran, son similares a los del hipnotismo sensorial, o magnético.

Pero con un grado mayor de refinamiento. Pues como la comunicación es verbal, el universo que se le plantea al sujeto, puede ser de alta sofisticación.

El procedimiento mas efectivo para lograr una hipnosis total, debe comprender los siguientes pasos:

Desde luego que para lograr estos efectos, se requiere de un ritual. Este consiste en las sugestiones verbales que el operador le transmite al sujeto. Pero es necesaria además, la creación de un ambiente, que dé seguridad y confianza.

Y no se logra esto en una sesión. Se requieren a veces, de hasta varias decenas de reuniones, para poder cruzar por todos los estadíos de la hipnosis.

Como observación para los posibles interesados en esta disciplina, les comento que nosotros abandonamos totalmente estas experiencias, pues una vez que se hipnotiza a un sujeto, hay que saber que hacer con él. 

Dar ordenes posthipnóticas, como: " Ya no te gusta fumar ", o " La comida te desagrada ", son contraproducentes, pues el sujeto busca cubrir el vicio que deja, con algún sustituto, que puede ser peor. 

En fin, si no se tienen sólidos conocimientos de psicología, no hay que intentar alterar el proceso de razonamiento de la mente humana. Es como abrir un reloj, y no saber que hacer con las piezas que hay adentro. Es pérdida de tiempo, en el mejor de los casos.

Pero para nuestro estudio, solo nos interesa conocer la relación que existe entre el ser humano, y los efectos paranormales.

Y desde mi punto de vista, estos no existen.

La magia, se finca en la fascinación, prácticas de hipnotismo, y empleo de drogas alucinógenas. Que el curandero, brujo o sacerdote, ejerce sobre el sujeto.

Aunado desde luego, a una gran dosis de ignorancia por parte de ambos. 


3- Los demonios y el exorcismo.

Este tema es bastante mas complicado que los anteriores. Principalmente porque es avalado por la teología cristiana, y forma parte de la liturgia del catolicismo. Aunque ahora los católicos liberales, tratamos  de desembarazarnos de ese penoso vínculo. 

Este asunto lo debemos analizar desde tres diferentes ángulos:

a- La visión teológica.

b- La tradición, y los ritos católicos.

c- La visión histórica.


 

a- La visión teológica:

 

Desde que el hombre comenzó a pensar, uno de los primeros tópicos que le interesaron fueron los de las fuerzas de la naturaleza. Y tratado de comprender estos fenómenos, llegó a la conclusión de que existían dioses buenos, que aplacaban la ira de los elementos naturales, y dioses malos que fomentaban la cólera de los mismos.

 

Que el mundo estaba regido por poderes mágicos. Y que los dioses podían ser convencidos a alterar su conducta, con una serie de fórmulas y rituales.

 

Todas las religiones atribuyen a personajes sobrenaturales, las acciones buenas o malas que nos ocurren.

El cristianismo, no se libró de esa concepción metafísica del bien y del mal.

 

Los evangelistas mencionan que Jesús expulsó múltiples demonios de los poseídos.

Y nosotros vemos que la liturgia católica, cobija un sin número de santos milagrientos, que ahuyentan el mal.

Los católicos atribuimos el bien a Dios. Y el mal al demonio. 

 

Pero la teología Judeo-cristiana no toma las cosas de manera tan simplista.

Veamos el porqué.

 

El postulado básico de ese credo, es la existencia de un Dios, cuyas atribuciones son:

 

Eterno.

Omnipotente. ( Que lo puede todo.)

Omnisciente. ( Que lo sabe todo.)

 

Pero el panorama se complica con su último  atributo: La bondad.

En primer lugar, porque no es posible definir el término de bondad.  En las guerras los soldados de ambos bandos rezan a su dios, para que permita ganar a los buenos. O sea a los de su propio bando.

 

Pero dando por sentado la tesis por todos aceptada, de que los buenos somos nosotros, y que el bien es aquello que nos beneficia.

Entonces Dios debe cumplir con su compromiso de protegerme.

 

Pero ahora nos acercamos a la lumbre. Desde luego que sabemos que el mal existe. Que a veces nos ocurren daños y perjuicios que son fortuitos, o fomentados por nuestros semejantes.

Si alguien tiene duda al respecto, le sugiero visitar las calles de la ciudad de México, D.F.

Si después de ese recorrido me informa, que todos los transeúntes son buenos, le sugiero que trate a los policías.

Pero volviendo a nuestro tema Teológico: Ahora nos topamos con un dilema.

Dios es omnipotente.

Dios creó todas las cosas, y a todos los hombres.

Y los hombres hacen a veces el bien, y a veces el mal.

Por lo tanto, Dios creó el bien y el mal.

 

Ante esta verdad meridiana, los teólogos generalmente se salen por peteneras:

" Son los misteriosos caminos de Dios.",   " Es por el libre albedrío."

 

Yo sugiero otra respuesta mas simple y honesta:

 ! No sabemos porqué. !

Y la parte esencial de esa afirmación, se basa en el hecho de que no podemos definir el bien y el mal.

De otra manera, tendríamos que aceptar que el mal es la faceta negativa de nuestro propio Dios. Lo cual es muy feo.

 

La salida de que Dios es solo bueno, pues Él define el bien y el mal, también es un camino sin salida. Y esto lo analizo en mi ensayo:

Filosofía de la Religión.

 

Y como Dios no puede ser malo, entonces atribuimos la maldad a una serie de espíritus, que generalmente identificamos con Satán.

Aunque desde el punto de vista formal, esos espíritus no crearon el mal. Sino que cayeron en la tentación. Y se convirtieron en enemigos de Dios. Y por lo tanto son malos.

 

Una explicación que no resiste el análisis mas elemental. Y por respeto a la inteligencia del lector, no analizo.

 

Pero para nuestro tema, podemos considerar que cada uno de nosotros tenemos una apreciación clara de lo que es el bien y el mal. En este momento, y en estas circunstancias. Aunque los demás no lo consideren de la misma forma.

 

Y si el mal es generado por el demonio, entonces debemos alejarnos de él.

 

 

 

 b- La perspectiva, según la tradición y los ritos católicos. 

Ahora vámonos para lo hondo.

 

! El demonio nos mira. !

 

El credo cristiano sostiene la existencia de los demonios. Y la iglesia católica ha ideado una serie de fórmulas para alejarlos. 

 

Los ritos de exorcismo, fueron formulados en su origen, en 1614 por el Papa Pablo V.

La última revisión oficial de ese ritual, del año 1999 consta de 86 páginas, y el texto se inicia con salmos, oraciones y conminaciones al espíritu del mal.

La estola del sacerdote exorcista, y su mano derecha es puesta sobre el poseso.

A continuación el exorcista hace la señal de la cruz, sobre la frente y pecho del poseído. Y recita un amplio texto, del cual, lo siguiente es la parte medular:

 

" Yo te abjuro a ti vieja serpiente, por el juicio de los santos y de los muertos, por el hacedor y hacedor del mundo. Por aquel que tiene el poder de enviarte al infierno, que te alejes inmediatamente de este siervo de Dios ( Nombre del paciente) y que retorne al seno de la iglesia, por el miedo de la aflicción de este terror.

 

Yo te abjuro nuevamente, no por mi debilidad, sino por la virtud del espíritu santo, que te alejes de este siervo ( nombre ), que Dios ha creado a su imagen y semejanza.

Retírate. Retírate.  No de mí, sino del ministro de la iglesia. Porque el poder de Jesucristo está presente.

Aquél que aceptó su crucifixión.  Tiembla ante su brazo.  Aquél que guía a las almas de las lamentaciones a la luz, y ha sido sojuzgado en la cruz.

No te resistas y huye del cuerpo de este hombre ( o mujer ). Porque Cristo desea habitar en su cuerpo.

Aunque sabes que soy un pecador, no me dominarás, pues es Dios quien me dirige. La majestad de Cristo, está presente.

Dios padre, te lo ordena. Dios Hijo te lo ordena , Dios espíritu santo te lo ordena.

La cruz, los apóstoles Pedro y Pablo, y todos los santos . Te lo ordenan…..

 

Se agregan múltiples oraciones a Dios padre, Jesucristo y la virgen María.

Todo ello en latín.

 

 

C- Desde el punto de vista histórico:

 

  En idioma griego:

" Demonio " quiere decir «conocimiento»

" Logos "  significa:  palabra, razón, o Dios.

La creencia en los demonios estaba muy extendida en el mundo antiguo. Se les consideraba seres mas o menos naturales.

Hesíodo los menciona casualmente. 

Sócrates atribuía su inspiración filosófica, al consejo de un demonio personal benigno.

Su maestra, Diotima de Mantineia, le dice (en el Symposio de Platón) que «todo lo que es genio (demonio) está entre lo divino y lo mortal... La divinidad no se pone en contacto con el hombre -continúa- sino que es a través de este género de seres por donde tiene  lugar todo comercio y todo diálogo entre los dioses y los hombres, tanto durante la vigilia como durante el sueño».

Platón negaba decididamente que los demonios fueran una fuente de mal. Y representaba a Eros, el guardián de las pasiones sexuales, como un genio o demonio, no un dios, «ni mortal ni inmortal»  «ni bueno ni malo». 

Pero todos los platonistas posteriores, incluyendo los neoplatonistas que influyeron poderosamente en la filosofía cristiana, sostenían que había algunos demonios buenos, y otros malos.

El péndulo iba de un lado a otro. Aristóteles, el famoso discípulo de Platón, consideró seriamente la idea de que los sueños estuvieran escritos por demonios.

Plutarco y Porfirio proponían que los demonios, que llenaban el aire superior, venían de la Luna. 

Los primeros padres de la Iglesia, a pesar de haberse empapado del neoplatonismo deseaban separarse de los sistemas de creencia «pagana». Enseñaban que toda la religión pagana consistía en la adoración de demonios y hombres, ambos mal interpretados como dioses.

Cuando san Pablo se quejaba (Efesios 6, 14) de la maldad en las alturas, no se refería a la corrupción del gobierno. Sino a los demonios, que vivían allí:

 " Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. "

 Desde el principio se pretendió que los demonios eran mucho mas que una mera metáfora poética del mal, en el corazón de los hombres. 

A san Agustín le afligían los demonios. Cita el pensamiento pagano prevaleciente en su época: «Los dioses ocupan las regiones más altas, los hombres las más bajas, los demonios las del medio.

Ellos poseen la inmortalidad del cuerpo, pero tienen pasiones de la mente en común con los hombres.» En el libro VIII de La ciudad de Dios (empezado en 413), Agustín asimila esta antigua tradición y sustituye a los dioses por Dios, y sataniza a los demonios. Arguyendo que son malignos sin excepción. No tienen virtudes que los rediman. 

Son el manantial de todo el mal espiritual y material. 

Los llama «animales etéreos... ansiosos de infligir males, completamente ajenos a la rectitud, henchidos de orgullo, pálidos de envidia, sutiles en el engaño». 

Pueden afirmar que llevan mensajes entre Dios y el hombre disfrazándose como ángeles del Señor, pero su actitud es una trampa para llevarnos a nuestra destrucción. Pueden asumir cualquier forma y saben muchas cosas.

Por inteligentes que sean, su caridad es deficiente. Atacan «las mentes cautivas y burladas de los hombres», escribió Tertuliano. «Moran en el aire, tienen a las estrellas por vecinas y comercian con las nubes.» 

En el siglo XI, el influyente teólogo bizantino, filósofo y turbio político, Miguel Psellus, describía a los demonios con estas palabras:

Esos animales existen en nuestra propia vida, que está llena de pasiones, porque están presentes de manera abundante en ellas y su lugar de residencia es el de la materia, como lo es su rango y grado. Por esta razón están también sujetos a pasiones y encadenados a ellas. 

Un tal Richalmus, abad de Schonthal, alrededor de 1270 acuñó un tratado entero sobre demonios, lleno de experiencias de primera mano: Ve (aunque sólo cuando cierra los ojos) incontables demonios malevolentes, como motas de polvo, que revolotean alrededor de su cabeza... y la de los demás. 

A pesar de las olas sucesivas de puntos de vista racionalista, persa, judío, cristiano y musulmán.  A pesar del fermento revolucionario social, político y filosófico. La existencia, gran parte del carácter, e incluso el nombre de los demonios, se mantuvo inalterable desde Hesíodo hasta las Cruzadas. 

Los demonios: Los poderes del aire, bajan de los aires y mantienen ayuntamiento sexual ilícito con las mujeres. Agustín creía que las brujas eran el fruto de estas uniones prohibidas.

En la edad media, como en la antigüedad clásica, casi todo el mundo creía esas historias.  

( En donde yo vivo, la mayoría de la gente lo cree así. )

Se llamaba también a los demonios, diablos o ángeles caídos. Los demoníacos seductores de las mujeres recibían el nombre de íncubos; los de los hombres, súcubos.

Hay algunos casos en que las monjas, con perplejidad, declaraban un parecido asombroso entre el íncubo y el cura confesor, o el señor obispo.

! Carajo !, Que coincidencia.

 Y al despertar a la mañana siguiente, según contaba un cronista del siglo xv, «se encontraban contaminadas como si hubieran yacido con varón». 

Eran tantas las mujeres que denunciaban incúbuos, según argumentaba el religioso presbítero Richard Baxter, (En su certidumbre del mundo de los espíritus, 1691), «que sería una  impudicia, negar su existencia»

Igualmente, en la misma obra: «Son tantos los que atestiguan que las brujas provocan tormentas, que creo innecesario nombrarlos.»

El teólogo Meric Casaubon --en su libro de 1668, " De la credulidad y la incredulidad " - Argüía que las brujas debían existir porque, al fin y al cabo, todo el mundo cree en ellas. Cualquier cosa en la que cree un gran número de personas, debe ser cierta.

Cuando los íncubos y súcubos seducían, se percibían como un peso sobre el pecho del soñador. La palabra pesadilla, del castellano, proviene de esto. 

Mare, es la antigua palabra inglesa para designar al íncubo, y nightmare ( Pesadilla ) significaba originalmente el demonio que se sienta sobre el pecho de los que duermen , y los atormenta con sueños. 

En la " Vida de san Antonio", de Atanasio (escrita alrededor del 360), se describía que los demonios entraban y salían a voluntad de habitaciones cerradas. 

Mil cuatrocientos años después, en su obra "De Daemonialitae", el erudito franciscano Ludovico Sinistrari, nos asegura que los demonios atraviesan las paredes.  

Prácticamente no se cuestionó la realidad externa de los demonios desde la antigüedad, hasta finales de la época medieval.

Maimónides negaba su existencia, pero una mayoría aplastante de los rabinos creían en dybbuks. Uno de los pocos casos que he podido encontrar en que se llega a insinuar que los demonios podrían ser internos, y generados en nuestras mentes, Es cuando se le preguntó a Abba Poemen, uno de los Padres del Desierto de la primera Iglesia:

 " -¿Cómo luchan contra mí los demonios?

-¿Los demonios luchan contra ti? -preguntó a su vez el padre Poemen-. 

Son nuestras propias voluntades las que se convierten en demonios y nos atacan. "  

! Caramba !, Una luz en el desierto.

 Las actitudes medievales sobre íncubos y súcubos estaban influenciadas por el comentario sobre el sueño de  Escipión de Macrobio, escrito en el siglo XIV, del que se hicieron docenas de ediciones antes de la ilustración europea:  Macrobio describió los fantasmas que se veían «en el momento entre la vigilia y el sopor».

 La obsesión con los demonios empezó a alcanzar un crescendo cuando, en su famosa Bula de 1484, el Papa Inocencio VIII  declaró:  

" Ha llegado a nuestros oídos, que miembros de ambos sexos no evitan la relación con ángeles malos, íncubos y súcubos, y que, mediante sus brujerías, conjuros y hechizos sofocan, extinguen y echan a perder los alumbramientos de las mujeres. Además de generar otras muchas calamidades.  

No olvideis la infalibilidad Papal.    !  Incrédulos .!

Con esta bula, Inocencio inició la acusación, tortura y ejecución sistemática, de incontables brujas en toda Europa. 

Eran culpables, de lo que Agustín había descrito como: «una asociación criminal con el mundo oculto».

A pesar del imparcial «miembros de ambos sexos» del lenguaje de la bula. Las perseguidas eran principalmente mujeres jóvenes y adultas.

Este estado de fanatismo supersticioso, tenía como compañero inseparable,  la enfermiza visión del cristianismo, sobre la sexualidad humana. Y desde luego en contra de las mujeres, especialmente aquellas jóvenes y hermosas.          ( La envidia es caraja.)

Muchos protestantes importantes de los siglos siguientes, a pesar de sus diferencias con la Iglesia católica, adoptaron puntos de vista casi idénticos.

Incluso humanistas como Desiderio, Erasmo, y Tomás Moro, creían en brujas. «Abandonar la brujería -decía John Wesley, el fundador del metodismo-- es como abandonar la Biblia.»  

William Blackstone, el célebre jurista, en sus Comentarios sobre las Leyes de Inglaterra (1765), afirmó:

 " Negar la existencia real de la brujería y la Hechicería, equivale a contradecir llanamente el mundo revelado por Dios, en varios pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. "

El Papa Inocencio ensalzaba a «nuestros queridos hijos Henry Kramer y James Sprenger, que mediante cartas apostólicas, han sido delegados como Inquisidores de esas depravaciones heréticas»

 Si las «abominaciones y atrocidades en cuestión se mantienen sin castigo», las almas de las multitudes se enfrentan a la condena eterna.

 El papa nombró a Kramer y Sprenger, para que escribieran un estudio completo, utilizando toda la artillería académica de finales del siglo XV. Con citas exhaustivas de las Escrituras y de eruditos antiguos y de la época, produjeron el " MALLEUS MALEFICARUM " «Martirio de las malefactoras», descrito con razón, como uno de los documentos mas aterradores de la historia humana.   

Ante éste, Mein Kampft, es solo una canción de cuna.

Thomas Ady, en " una vela en la oscuridad ", lo calificó de " doctrinas e invenciones infames." «horribles mentiras e imposibilidades» que servían para ocultar una crueldad sin parangón ». 

Lo que el Malleus sostenía era que: Si a una mujer la acusan de brujería, es que es bruja. 

La tortura es un medio infalible para demostrar la validez de la acusación.

 El acusado no tiene derechos. No tiene Oportunidad de enfrentarse a los acusadores. Se presta poca atención a la posibilidad de que las acusaciones puedan hacerse con propósitos impíos: celos, por ejemplo, o venganza, o la avaricia de los inquisidores que rutinariamente confiscaban las propiedades de los acusados, para su propio uso y disfrute.

Su manual técnico para torturadores, también incluye métodos de castigo, diseñados para liberar los demonios del cuerpo de la víctima, antes de que el proceso la mate.   

Los torturadores eran sádicos, que disfrutaban al máximo de su oficio.

Con el Malleus en mano, y con el aliento del Papa, empezaron a surgir inquisidores por toda Europa.  

Rápidamente, todo esto se convirtió en un provechoso fraude.

Los costos de la investigación, juicio y ejecución recaían sobre los acusados o sus familias.

Hasta las dietas de los detectives privados contratados para espiar a la bruja potencial, el vino para los centinelas, los banquetes para los jueces. Los gastos de viaje de un mensajero enviado a buscar a un torturador más experimentado a otra ciudad.

Y los haces de leña, el alquitrán y la cuerda del verdugo. 

Además, cada miembro del tribunal tenía una gratificación por bruja quemada.

El resto de las propiedades de la bruja condenada, si la había, se dividían entre la Iglesia y el Estado.

A medida que se institucionalizaban estos asesinatos y robos masivos, y se sancionaban legal y moralmente, iba surgiendo una inmensa burocracia para servirla.

Y la atención se fue ampliando desde las brujas y viejas pobres, hasta la clase media y acaudalada de ambos sexos.

 Cuantas más confesiones de brujería se conseguían bajo tortura, más difícil era sostener que todo el asunto era pura fantasía. Como a cada «bruja» se la obligaba a implicar a algunas más los números crecían exponencialmente. Constituían «pruebas temibles de que el diablo sigue vivo», como se dijo más tarde en América en los juicios de brujas de Salem.

 En una era de credulidad, se aceptaba tranquilamente el testimonio más fantástico: Que decenas de miles de brujas se habían reunido para celebrar un aquelarre en las plazas públicas de Francia.

 Y que el cielo se había oscurecido cuando doce mil de ellas, se echaron a volar hacia Terranova.

 En la Biblia se aconsejaba: «No dejarás que viva una bruja.»

Se quemaron legiones de mujeres en la hoguera. Y se aplicaban las torturas mas horrendas a toda acusada, joven o vieja, una vez que los curas, habían bendecido los instrumentos de tortura.

El Papa enfermó gravemente. Tras varios intentos de mantenerlo con vida mediante transfusiones. ( Para lo cual fue menester, desangrar a tres jóvenes. ) Lo amamantaron durante un tiempo, con el pecho de una madre lactante.  Pero en vano.   Fue llorado por sus amantes, y sus hijos.  

Inocencio Vlll, murió en 1492.  ---  Dios se compadeció del mundo.---

Pero solo del viejo. América estaba lista para recibir a la inquisición.

 

En Gran Bretaña se contrató a buscadores de brujas, también llamados «punzadores», que recibían una buena gratificación por cada chica o mujer que entregaban para su ejecución. No tenían ningún aliciente para ser cautos en sus acusaciones. Solían buscar «marcas del diablo» --cicatrices, manchas de nacimiento que, al pincharlas con una aguja, no producían dolor, ni sangraban.  

Una simple inclinación de la mano solía producir la impresión de que la aguja penetraba profundamente en la carne de la bruja.

 Cuando no había marcas visibles, bastaba con las «marcas invisibles». En las galeras, un punzador de mediados del siglo XVII «confesó que había causado la muerte de más de doscientas veinte mujeres en Inglaterra y Escocia, por el beneficio de veinte chelines la pieza».

 En los juicios de brujas no se admitían pruebas atenuantes o testigos de la defensa. En todo caso, era casi imposible para las brujas acusadas presentar buenas coartadas. Las normas de las pruebas tenían un carácter especial.

 Por ejemplo, en más de un caso el marido atestiguó que su esposa estaba durmiendo en sus brazos en el preciso instante en que la acusaban de estar retozando con el diablo en un aquelarre de bruja.

Pero el arzobispo, pacientemente, explicó que un demonio había ocupado el lugar de la esposa. Los maridos no debían pensar que sus poderes de percepción, podían exceder los poderes de engaño de Satanás.

 Las mujeres jóvenes y bellas eran enviadas forzosamente a la hoguera.

Los elementos eróticos y misóginos eran fuertes... como puede esperarse de una sociedad reprimida sexualmente, dominada por varones. Con inquisidores procedentes de la clase de los curas, nominalmente célibes.

En los juicios se prestaba atención minuciosa a la calidad y cantidad, de los orgasmos en las supuestas copulaciones de las acusadas con demonios o el diablo.

Aunque Agustín estaba seguro de que «no podemos llamar fornicador al diablo»,  y a la naturaleza del «pene» del diablo (frío, según todos los informes).

 Las «marcas del diablo» se encontraban «generalmente en los pechos o partes íntimas», según el libro de 1700 de Ludovico Sinistrari. Como resultado, los inquisidores, exclusivamente varones, afeitaban el vello púbico de las acusadas y les inspeccionaban cuidadosamente los genitales.

 En la inmolación de la joven Juana de Arco a los veinte años. Tras habérsele incendiado el vestido, el verdugo de Ruán apagó las llamas para que los espectadores pudieran ver «todos los secretos que puede, o debe haber en una mujer».

 La crónica de los que fueron consumidos por el fuego sólo en la ciudad alemana de Wurzburgo en el año 1598, revela la estadística. Y nos da una pequeña muestra de esta bestial carnicería, propiciada por la superstición y la iglesia:  

El administrador del senado, llamado Gering; la anciana señora Kanzler; la rolliza esposa del sastre; la cocinera del señor Men gerdorf; una extranjera; una mujer extraña; Baunach, un senador.

El ciudadano más gordo de Wurtzburgo; el antiguo herrero de la corte; una vieja; una niña pequeña, de nueve o diez años; su hermana pequeña; la madre de las dos niñas pequeñas antes mencionadas; la hija de Liebler; la hija de Goebel.

La chica más guapa de Wurtzburgo; un estudiante que sabía muchos idiomas; dos niños de la iglesia, de doce años de edad cada uno; la hija pequeña de Stepper; la mujer que vigilaba la puerta del puente; una anciana; el hijo pequeño del alguacil del ayuntamiento; la esposa de Knertz, el carnicero; la hija pequeña del doctor Schultz; una chica ciega; Schwartz, canónigo de Hach. Y así sigue ------

 Algunos recibieron una atención humana especial:

«La hija pequeña de Valkenberger fue ejecutada y quemada en la intimidad.»

En un solo año, hubo veintiocho inmolaciones públicas, con cuatro a seis víctimas de promedio, en cada una de ellas, en esta pequeña ciudad.

Era un microcosmos de lo que ocurría en toda  Europa.  

Nadie sabe cuántos fueron ejecutados en total: quizá cientos de miles, quizá millones. Los responsables de la persecución, tortura, juicio, quema y justificación actuaban desinteresadamente. Su misión era divina. 

No se podían equivocar. Las confesiones de brujería no eran suficientes para calmar a los brutales torturadores. Los desesperados intentos de satisfacer a los inquisidores y detener la tortura, no eran válidos. Había que beber el cáliz hasta la última gota.

La tolerancia y la compasión de los cuerdos, era impotente en contra de la superstición y la locura de los clérigos.

 ¿ Misericordia ?-- En este caso, explicaba el juez de brujas " Pierre de Lancre"  (en su libro de 1612, Descripción de la inconstancia de los ángeles malos) "  La Iglesia católica estaría cometiendo un gran crimen, al no quemar a las brujas. En consecuencia, los que plantean esta posibilidad, atacan a la Iglesia y cometen ipso facto un pecado mortal. "

 Se castigaba a los críticos de las quemas de brujas. Y en algunos casos, también ellos morían en la hoguera. Los inquisidores y torturadores realizaban el trabajo de Dios. Estaban salvando almas, aniquilando a los demonios.

 Desde luego, la brujería no era la única ofensa merecedora de tortura y quema en la hoguera. La herejía era un delito más grave todavía, y tanto católicos como protestantes la castigaban sin piedad.

 En el siglo XVI, el erudito William Tyndale cometió la temeridad de pensar en traducir el Nuevo Testamento al inglés. Pero, si la gente podía leer la Biblia en su propio idioma en lugar de hacerlo en latín, se podría formar sus propios puntos de vista religiosos independientes.

 Podrían pensar en establecer una comunicación con Dios sin intermediarios. Era un desafío para la seguridad del trabajo de los curas católicos romanos.

 Cuando Tyndale intentó publicar su traducción, le acosaron y persiguieron por toda Europa.

 Finalmente le detuvieron, le pasaron a garrote y después, por añadidura, le quemaron en la hoguera.

 A continuación, un grupo de pelotones armados fue casa por casa, en busca de ejemplares de su Nuevo Testamento (que un siglo después sirvió de base de la exquisita traducción inglesa del rey Jacobo)

Eran cristianos que defendían piadosamente el cristianismo, impidiendo que otros cristianos conocieran las palabras de Cristo.

 Con esta disposición mental, este clima de convencimiento absoluto de que la recompensa del conocimiento era la tortura y la muerte, era difícil ayudar a los acusados de brujería.

 La quema de brujas es una característica de la civilización occidental que, con alguna excepción política ocasional, declinó a partir del siglo XVI.

 En la última ejecución judicial de brujas en Inglaterra se colgó a una mujer y a su hija de nueve años. Su crimen fue provocar una tormenta, por haberse quitado las medias. 

Nuestra  Iglesia católica, sigue practicando exorcismos de demonios.

Todavía usamos la palabra «pandemónium» (literalmente, todos los demonios). Todavía se califica de demoníaca a una persona enloquecida o violenta. 

(Hasta el siglo XVIII no dejó de considerarse la enfermedad mental en general como adscrita a causas sobrenaturales. Incluso el insomnio era considerado un castigo infligido por demonios.) 

Más de la mitad de los norteamericanos declaran en las encuestas que «creen» en la existencia del diablo, y el diez por ciento dicen haberse comunicado con él .Como Martín Lutero afirmaba que hacía con regularidad.   

La inmensa mayoría de los católicos cree en el demonio, como una entidad espiritual y real.

En un «manual de guerra espiritual», titulado Prepárate para la guerra, de Rebecca Brown, nos informa de que el aborto y el sexo fuera del matrimonio, «casi siempre resultarán en infestación demoníaca»; que el carácter de la meditación, el yoga y las artes marciales pretenden seducir a cristianos confiados para que adoren a los demonios; y que la «música rock no "surgió porque sí, sino que era un plan cuidadosamente elaborado por el propio Satanás»

 A veces, «tus seres queridos están cegados y dominados por tendencias diabólicas». La demonología todavía sigue formando parte de muchas creencias serias.

 ¿ Y qué hacen los demonios? 

En el Malleus Malificorum: Kramer y Sprenger revelan que los «diablos... se dedican a interferir en el proceso de copulación y concepción normal, a obtener semen humano y transferirlo ellos mismos».

 La inseminación artificial demoníaca existe, en la opinión de santo Tomás de Aquino: ( en " de la trinidad "), Que los demonios pueden transferir el semen, que han recolectado, para inyectarlo en el cuerpo de las mujeres.

 Su contemporáneo san Buenaventura lo expresa con mayor detalle:

Los súcubos «se someten a los machos y reciben su semen. Con astuta habilidad, los demonios conservan su potencia, y después, con el permiso de Dios, se convierten en íncubos y lo vierten en los depositarios femeninos». 

Los productos de esas uniones con mediación del demonio, también reciben la visita de los demonios. Se forja un vínculo sexual multigeneracional entre especies. Y recordemos que se sabe perfectamente que esas criaturas vuelan; ciertamente, viven en las alturas.  ( ! Cuidado!  AeroMéxico, y  AeroLitoral." )

 En el Génesis leemos acerca de ángeles que se emparejan con «las hijas de los hombres». Los mitos culturales de la antigua Grecia y Roma, hablan de dioses que se aparecen a las mujeres en forma de toros, cisnes o lluvias de oro y las fecundan.  

En la antigua tradición cristiana, la filosofía no derivaba del ingenio humano. Sino de la conversación íntima de los demonios: Los ángeles caídos revelaban los secretos del cielo a sus consortes humanos. 

Aparecen relatos con elementos similares en culturas de todo el mundo. En correspondencia con los íncubos están los djinn árabes, los sátiros griegos, los bhuts hindúes, los hotua poro de Samoa, los dusii célticos  y muchos otros.

 En esa época de histeria demoníaca, era bastante fácil demonizar a aquellos a quienes se temía u odiaba. Así, se dijo que Merlín había sido engendrado por un íncubo. 

Como Platón, Alejandro Magno, Augusto y Martín Lutero. En ocasiones se acusó a un pueblo entero. Por ejemplo, los hunos o los habitantes de Chipre- de haber sido engendrado por demonios. 

En la tradición talmúdica, el sucúbulo arquetipo era Lilit, a quien creó Dios del polvo junto con Adán. 

Fue expulsada del Edén por insubordinación... no a Dios, sino a Adán. Desde entonces, pasa las noches seduciendo a los descendientes de Adán.

 En la cultura del antiguo Irán,  se consideraba que las poluciones nocturnas eran provocadas por súcubos. 

Santa Teresa de Ávila relató un vívido encuentro con un ángel  " Un Ángel de luz, no de oscuridad." Aseguraba. 

Como lo hicieron otras mujeres, posteriormente santificadas por la Iglesia católica.  Aquello era una verdadera orgía de moralidad.

Cagliostro, el mago y estafador del siglo XVIII, decía que él, como Jesús de Nazaret, eran producto de la unión «entre los hijos del cielo, y de la tierra».  " Bueno ya que estamos encaminados en superticiones. También yo me cuelgo.-- Esto último es de mi cosecha, Nota del ensayista.---"

! Dios mío !  Que podemos esperar de una sociedad, lidereada por ignorantes.

 ver: los escándalos sexuales de la jerarquía.


 

Ahora, para eliminar un poco, el mal sabor de boca:

Algo de la brujería en Latinoamérica:

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La procesión del Auto de Fe. Joaquín Sorolla y Bastida.
Sevilla. Postales de la Colección de J. W. Chester,
pertenecientes al archivo de María Victoria Uribe.

Los ocho pasos
de la muerte del alma: 
La Inquisición en Cartagena de Indias.

 

 

 

 

1. SELECCIONANDO LA VICTIMA.

A mediados del año 1632, se descubrió en la villa de Tolú, jurisdicción del Tribunal del Santo Oficio de Cartagena de Indias, una secta de brujas, a las cuales algunos testigos afirmaban "haberlas visto en sus juntas, bailando alrededor de un cabrón y besarle en el trasero y volar por el aire dando balidos como chivatos, con candelillas en las manos" 

El rumor fue haciendo crecer la historia a lo largo y ancho de la costa, poblándola de ecos deformados y relatos fantasmagóricos acerca de la secta. Los vecinos, espantados, se encargaron de hacer llegar hasta las puertas mismas del Palacio de la Inquisición, en Cartagena, el caso de las brujas. No faltaron testigos que confirmaran haber visto, en un paraje que llaman Palo Güeco, unos bultos con hachones en las manos que daban una luz como de piedra de azufre.

Los ministros del tribunal, sugestionados por tales denuncias y delaciones, mandaron construir nueve cárceles secretas donde encerraron a las brujas, con el beneplácito de la comunidad.

Entre las presas estaban Elena de Vitoria y Paula Eguiluz, acusadas de ser las cabecillas e instigadoras del movimiento. La primera de ellas, nacida en Sevilla (España) en 1539, había llegado al Nuevo Reino de Granada a la edad de trece años, con su madre y hermana, por requerimientos de su padre, quien, por esa época, se encontraba en Mariquita. Elena se casó a los dieciséis años con el capitán Francisco Barrasa, vecino de Tolú, y se radicó allí. Paula Eguiluz, esclava negra, era considerada, en Cartagena y en sus alrededores, una notable hechicera bajo cuya dirección se iniciaron muchos de los brujos acusados por el Santo Oficio.

Desde el momento en que la Iglesia deja de ser ante todo cristiana para convertirse en católica, apostólica y romana, queda planteado el problema de la autoridad dogmática. San Pablo recomienda a Tito, obispo de Creta, se den dos advertencias al hereje (una primera y una segunda vez) antes de rechazarlo, esto es, de excluirlo de su seno.

En 1184, con el Concilio de Verona, presidido por Lucio III, se ordena que los herejes impenitentes sean entregados al brazo seglar. La cruzada contra los albigenses institucionaliza, finalmente, la inquisición, cuyos gérmenes, como hemos visto, datan de tiempo atrás.

La inquisición antigua existía mientras existiera la herejía; tan pronto como ésta fuera extirpada, la inquisición desaparecía. Con la Inquisición española sucede algo curioso: se transforma, con el tiempo, en institución permanente. Solamente los cristianos pueden ser reos de herejía; por lo tanto, solamente ellos entran en la jurisdicción del Tribunal, ya que el Santo Oficio juzga a los fieles, no a los infieles; mejor dicho, juzga a los fieles que han sido infieles. ¿ Y a judíos y musulmanes, bajo qué justificación se los manda a la hoguera?

El edicto del 31 de marzo de 1492 colocó a los judíos españoles ante la alternativa de convertirse al catolicismo o abandonar los dominios de la corona española.

En 1481, Castilla estrena el sistema inquisitorial, codificado por el Directorium inquisitorum de Nicolás Eimerich, publicado en Aviñón en 1376.

Las fobias de origen étnico se exacerban hacia 1492; los reinos de Castilla y Aragón atraviesan un período de recesión económica y el malestar social se manifiesta en la intolerancia de las elites hacia las minorías étnicas, los extranjeros y todos aquellos que profesen credos diferentes del católico.

Durante la Edad Media, el antisemitismo del pueblo español fue virulento. Los judíos, para los católicos, eran los autores materiales de la muerte de Cristo, reos del peor de los crímenes: el deicidio. Por lo tanto, cualquier comportamiento inquisitorial contra cristianos judaizantes era legítimo.

Es durante esta época cuando surge el concepto de "cristianos nuevos "(sospechosos) en contraposición a "cristianos viejos" (intachables), distinción aberrante para la teología pero provechosa socialmente.

Por cédula real del 25 de febrero de 1610 se constituyó el Tribunal de Cartagena, que el 30 de noviembre del mismo año dio comienzo a sus tareas.

Esta institución tenía jurisdicción sobre los obispados de Panamá, Santa Marta, Popayán, Puerto Rico, Venezuela y Santiago de Cuba. Su deber consistía en velar por la pureza ideológica y moral de los inmigrantes peninsulares.

Cartagena era, en aquel entonces, una aldea de quinientos vecinos. Estaba poblada por españoles en su gran mayoría, de todas las clases y ocupaciones; portugueses, muchos de ellos mercaderes judíos; escasos indios y gran número de negros, mulatos, cuarterones y zambos, todos ellos esclavos o libertos.

Allí tenían asiento la corte del gobernador, el cabildo municipal y las representaciones de órdenes religiosas como las de los dominicos, jesuitas, franciscanos, agustinos y mercedarios. La ciudad, en su constante bullicio, oscilaba entre las tertulias mundanas, la obligatoria siesta del mediodía y las ceremonias religiosas.

El ambiente social se hallaba cargado de supersticiones y, aunque de manera no muy visible, la magia impregnaba la vida cotidiana de la ciudad amurallada.

Todos los viernes por la noche, tanto en la villa de Tolú como en Cartagena, se reunían las cofradías de hechiceros y curanderas. Los documentos mencionan, específicamente, los manzanillos de la ciénaga, la playa o la casa de algunas de las mandatarias en Cartagena, y los parajes del Palo Güeco en Tolú, como sitios de reunión.

Cartagena era una colonia multiétnica, con escaso control social; el adulterio resultaba frecuente y los hijos naturales proliferaban. El clero secular y regular estaba constituido por españoles, criollos y mestizos; era el encargado de difundir y enseñar la nueva fe. Representaban al Estado unos cuantos oficiales reales, los oficiales del fisco, los escribanos y los militares. Entre quienes ejercían las profesiones liberales se destacaban los médicos, los abogados, los maestros y los practicantes-cirujanos; y, finalmente, en la base se encontraban los artesanos, los comerciantes y el pueblo raso, constituido por vendedores callejeros, esclavos y libertos.

El número de letrados, exceptuando a los oidores, no pasaba de dos. En cuanto a eclesiásticos, sólo el tesorero de la catedral tenía alguna noción de letras. El padre fray Andrés de San Pedro había venido de España como calificador del Santo Oficio, pero sus nociones de teología eran rudimentarias.

Los únicos que se disputaban el honor de ser titulares de la institución eran los dos médicos. Con ocho mil ducados se compraron las casas para la sede del tribunal y se mandaron labrar trece cárceles. Corría el año 1610.

Despues de tres años de sesiones irregulares, los procesos presentados eran menos de lo deseado y de importancia muy mediana. Nunca los casos de herejía colectiva que infestaban a España.

Esta relativamente poca popularidad de la institución española en tierras tropicales no impidió la celebración del primer auto de fe, en la cuaresma de 1614. Ocho años después, se manda a la hoguera, por primera vez, a un inglés calificado como hereje protestante, tan pertinaz que él mismo, por su propia voluntad y sin estar atado, se sentó sobre la pira de leña y de allí no se movió hasta quedar chamuscado.

El tribunal convocó, con el paso de los años, varios autos de fe, para juzgar y condenar o absolver una variedad de reos, portugueses en su gran mayoría, españoles, franceses, ingleses, mestizos, cuarterones, mulatos y negros. Sus ocupaciones variaban; había comerciantes, marineros, mercaderes, soldados, frailes, carpinteros, zapateros, labradores, esclavos, parteras, hechiceros y brujos.

La base que sustenta el edificio de la Inquisición es la delación. Todas las delaciones, aun las anónimas, eran tomadas en cuenta. A los testigos no se les pedía que confirmaran o negaran el testimonio del delator sino únicamente que declararan "si no habían visto u oído nada que les pareciera contrario a la fe católica o a los derechos de la Inquisición’ astuta manera de obtener una multitud de informaciones a partir de una sola denuncia.


2. EL SILENCIO Y EL AISLAMIENTO

Cuando se calificaban positivamente los hechos revelados por el delator y los testigos, el fiscal pedía la detención y encarcelamiento del presunto culpable en las cárceles secretas del Santo Oficio. El preso ignoraba de qué se le acusaba, ya que sólo podía comunicarse con sus jueces. Muchos se suicidaron al no poder soportar tal silencio.

La víctima era confinada por tiempo indefinido en estas oscuras y malolientes cárceles.

Las cárceles del Santo Oficio de Cartagena "están en el patio principal, en el suelo, en parte húmeda, que en esta ciudad lo bajo es inhabitable, y están al descubierto de la plaza pública y tan cerca de ella que, sin entrar por las puertas, estando ellas abiertas, podía haber comunicación y temerse que el secreto del Santo Oficio sería descubierto"

Aislar a un ser humano durante largo tiempo, de modo que quede desconectado de la red de estímulos sociales que confirman su personalidad, y coaccionarlo, por medio de la violencia, para que confiese sus presuntos delitos, implica, entre otros riesgos, obtener una confesión falsa. Mientras el acusado no supiera de qué se le acusaba no podía encubrirse.

Si el fiscal estimaba que el prisionero no había confesado lo suficiente, se le aplicaba el tormento. Como en la justicia civil, existían varios tipos de tormento: horca, garrote, caballete, garrucha y brasa; también se podía recurrir al suplicio del agua.

En Cartagena se utilizó preferentemente el potro.

Durante el tormento, el acusado, para impedir que lo siguieran atormentando, solía declararse culpable y era entonces cuando se le informaba de qué se le acusaba. Venía a continuación la lectura de cargos y la acusación formal. Si el prisionero no estaba de acuerdo, se le asignaba un abogado del Santo Oficio. Luego se publicaban las pruebas, y los calificadores pronunciaban el veredicto definitivo.

No satisfechos los inquisidores con las declaraciones obtenidas por métodos persuasivos, las brujas de Tolú fueron puestas en el potro de tortura con el fin de arrancarles la confesión de pertenecer a la secta y haber participado en los ritos y ceremonias. Algunas de ellas, las más guapas, aguantaron hasta siete vueltas de la mancuerda; otras perdieron el conocimiento, impidiendo con ello que se avanzara con el tormento; pero, de todas ellas, Ana Beltrán, vecina de Tolú, fue el verdadero chivo expiatorio; desnuda, "recibió tres vueltas y estuvo en el potro desde las ocho hasta las nueve y cuarto de la mañana del 19 de agosto de 1633. Desde ese día hubo de ser entregada al cirujano, quien informó que la reo había resultado con los huesos de la muñeca izquierda quebrados y que la mano estaba ya gangrenada, jurando en forma que a su juicio era necesario cortársela con brevedad, pues corría riesgo de la vida. Celebróse por esto junta de cirujanos; confesóse Ana y, como estaba acordado, le cortaron la mano por cuatro dedos más arriba de la muñeca y declararon que quedaba curada y cauterizada conforme al arte de la cirugía, sin demasía de efusión de sangre" 3. Pero lo cierto fue que murió al día siguiente. A este precio salió absuelta.

En los ritos de separación, la tortura es la forma que se utiliza para expeler la impureza. Con ella comienza el proceso de separación de la víctima del mundo ordinario.

4. CONFISCAClON DE LOS BIENES

Los judíos portugueses establecidos en Cartagena y perseguidos por la Inquisición se dedicaron, en un principio, al comercio de esclavos. Lograron hacer fortuna y se convirtieron, con el tiempo, en poderosos comerciantes. A mediados del Siglo XVII, los judíos portugueses dedicados al comercio contaban con una tupida red de factorías. Eran hombres acaudalados y de cierta posición social, marcados por el estigma de la circuncisión pero ignorantes y carentes de verdadera fe judaica.

Sin embargo, nada despreciables resultaban las entradas que el Tribunal del Santo Oficio recogía con motivo de la confiscación de los bienes de reos condenados, especialmente de los judíos. En Cartagena, las cajas de la Inquisición se engrosaron con los aportes de la hacienda confiscada a Francisco Gómez de León, quien había sido reconciliado por judío, los cuales ascendieron a la suma de ciento cuarenta y nueve mil pesos. Con estos fondos propios, el tribunal dispuso el mejoramiento de la capilla y de la sala de audiencias.

5. CONVOCAClON DEL AUTO DE FE

Aprovechando la detención de las brujas de Tolú en las cárceles secretas del Santo Oficio, los inquisidores convocan, mediante edicto público, el auto de fe celebrado el 26 de marzo de 1634, en el que se condena veintiuna brujas, dos blasfemos, un bígamo y una hechicera.

El auto de fe constituía una ceremonia, religiosa y civil, de gran pompa, en la cual se exponían en público los prisioneros del Santo Oficio. La población era, por lo general, obligada a asistir, y la asistencia otorgaba indulgencias.

En el año 1610, en España, se da comienzo al auto de fe de Logroño con la siguiente advertencia: "Para que todos en general y en particular puedan tener noticia de las grandes maldades que se cometen en ella y les sirva de advertencia para el cuidado con que todo cristiano ha de velar sobre su casa y familia".

Un examen minucioso del origen, edad y oficio de las víctimas del proceso de Madrid, llevado a cabo en 1680, nos permite distinguir ciertos rasgos tendenciosos. De los 116 condenados, 79 eran portugueses, 28 españoles, 3 italianos y 6 de nacionalidad indefinida. Entre los oficios predominan aquellos que tienen que ver con el comercio: hay 9 vendedores y moledores de tabaco, planta venida de América, donde tenía connotaciones mágicas y estaba asociada al curanderismo y a la brujería; 9 vendedores ambulantes y, entre los restantes, plateros, sastres, carpinteros, hilanderas, mercaderes, laborantes de seda, doradores de fuego, zapateros, especieros y otros. Es decir, artesanos en su gran mayoría y desocupados, sectores sociales populares, preteridos y temidos por las elites intelectuales y económicas, para las cuales aquellos eran depositarios de un discurso irracional y amenazante. A casi todos ellos se les condena por judaizantes, se les confiscan sus bienes y se les destierra. Las edades van de 14 a 75 años.

En los procesos del tribunal de Cartagena, llaman la atención las acusaciones por brujería, entre las cuales se mencionan específicamente: Echar las varillas para descubrir tesoros (la moderna guaquería era perseguida como cosa del diablo); utilizar las habas para hacerse invisible; utilizar palabras sagradas para hacer amar y aborrecer; utilizar el sortilegio del cedazo; haber hecho bailar un cántaro; hacer el sortilegio de las tijeras, batea y cedazo; valerse del vaso de agua y de la clara de huevo; hacer andar el rosario; bautizar muñecas con palabras sacramentales; utilizar el cubilete de vidrio, y otros más. Los hechizos, sortilegios y conjuros utilizados por los brujos de Cartagena tenían, al parecer, dos finalidades: "Amansar o aquietar" al ser amado, al ser deseado, y "atraer, ligar o atrapar" al mismo.

A doña Lorenza de Acereto, procesada y posteriormente absuelta por el tribunal, se le acusaba de utilizar los polvos resultantes de la trituración de calaveras, cabezas de difuntos, sesos de asno y cabezas de gato prieto. A estos polvos se añadían recortes de uñas de los pies y de las manos y los cabellos de la cabeza de la parte del cogote. Esta mezcla se tostaba y colocaba en un recipiente de plata y se echaban sobre ella, a manera de sal, unos pedazos de ara consagrada.

Los prisioneros tenían tres posibilidades de abjuración: Abjuración de levi o sospecha leve de herejía para los casados dos veces, rebautizados y aquellos que celebraban sin tener órdenes.

Abjuración de vehementi o sospecha grave de herejía.

Abjuración de forma o para convictos y confesos del crimen de herejía y judaizantes.

El propósito principal del auto era amedrentar a los asistentes, movilizando las culpas individuales y colectivas.

El ordenamiento de la ceremonia era piramidal y jerárquico. En la parte alta se colocaba una cruz verde, símbolo de la esperanza. Debajo de ésta se ordenaban los reos que serían relajados a la justicia seglar; entre éstos, algunos aparecían en persona, y los ausentes eran representados por estatuas o por huesos. Más abajo tendríamos a los reconciliados y, por debajo de estos, a los penitentes.

Al lado contrario, frente a los reos, estaban los inquisidores: El estado eclesiástico a la derecha y la ciudad y los caballeros a la izquierda y, en lo más alto, el fiscal del Santo Oficio. Los consultores, calificadores y religiosos se acomodaban en las gradas.

Los prisioneros iban ataviados con insignias que correspondían a las faltas cometidas. Llevaban en la cabeza una coroza (especie de mitra), con llamas pintadas, y en las manos unos cofres con réplicas de sus propios huesos. Tenían puesta una saya, conocida como sambenito, con un letrero en el pecho, que decía el nombre de cada uno, y portaban en las manos velas amarillas apagadas.

Los adúlteros y embusteros, con corozas, traían una soga al cuello con tantos nudos como azotes debían recibir. Los pertinaces tenían pintados, en el sambenito, dragones entre las llamas y demonios; iban amordazados y con las manos atadas. Las llamas apuntando hacia abajo significaban que el reo había sido absuelto y que sería readmitido en el seno de la Iglesia. Como si se tratara de un asunto hereditario, familias enteras condenadas marchaban rumbo al altar del sacrificio.

Elena de Vitoria fue condenada a salir al auto de fe de Cartagena con los otros penitentes, "en cuerpo y una coroza en la cabeza y un hábito penitencial de paño amarillo con dos aspas coloradas de señor de San Andrés, el cual se le quite acabado el dicho auto, y una vela de cera en las manos". Al ser absuelta y puesta en libertad, se le advirtió, "so pena de excomunión y doscientos azotes, tenga y guarde secreto de todo lo que con ella ha pasado sobre su negocio y de lo que ha visto y sabido y entendido en cualquier manera después que entró presa en las cárceles de este Santo Oficio y no lo diga ni revele a persona alguna debajo de ningún color" 4.

Más tardó el tribunal en hacerle la advertencia que ella en divulgar todo lo acontecido y, al cabo del tiempo, se le apresó nuevamente.

6. LECTURA PUBLICA DE LOS PROCESOS

Pero, ¿quiénes eran las víctimas de esta persecución tan implacable?

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La prisionera es desnudada antes de la tortura. P.H. Calderón.
Tate Gallery Londres.

Si hemos de creer la caracterización que de ellas hacen los inquisidores, se trataba de individuos, en buena parte mujeres, acusados de judaizantes, mahometismo, luteranismo, bigamia, proposiciones heréticas y blasfemas. Se les cobijaba con el nombre genérico de "brujos ". Según los inquisidores, estas personas tenían la capacidad de hacerse pequeños y de trasportarse por el aire; se transformaban en gatos, perros y otros animales. Hacían polvos y ponzoñas que extraían de sapos, culebras, lagartos, lagartijas, caracoles y pedos de lobo. Utilizaban estos polvos para destruir las cosechas y hacer mal a las personas y al ganado.

La imagen que los inquisidores tenían de las presuntas prácticas de sus víctimas es bastante análoga, en muchos aspectos, a la que los conquistadores españoles tenían del canibalismo y de los ritos iniciáticos de los indios americanos.

Es común a la brujería de Europa occidental y a la de ciertas tribus indígenas americanas la ingestión colectiva de plantas psicotrópicas, altamente tóxicas. La utilización de plantas como la mandrágora, la belladona y el beleño, en el caso europeo, solanáceas cuyos alcaloides activos son la escopolamina, la atropina y la mandragorina, entre otras, y en el caso americano, la datura, la brugmansia, el yopo y el yagé, entre otras, provocan una serie de visiones de carácter diverso, entre las que se destacan el vuelo, la inversión de símbolos religiosos y las sensaciones extraordinarias.

Según estudios recientes, la brujería de Europa occidental parece resultar de un sincretismo, con supervivencias de una religión precristiana que carateriza las creencias religiosas y los rituales de los brujos de la Edad Media. Los testimonios prueban que, paralelamente a las prácticas cristianas, este culto se celebraba clandestinamente entre los sectores populares. Su dios, antropomórfico o teromórfico, llamado demonio, era adorado en ritos perfectamente definidos. En los procesos por brujería la mentalidad de los inquisidores les atribuyó a los rituales de fertilidad llevados a cabo por estas sectas una importancia abrumadora e injustificada.

Mirando la inquisición desde esta perspectiva, resulta ser una institución concebida para extirpar antiguos cultos precristianos presentes en Europa durante la Edad Media, algo muy parecido a la extirpación de idolatrías llevada a cabo por la corona española en sus colonias americanas.

. RELAJAClON AL BRAZO SEGLAR

El auto se cerraba con una fórmula que le permitía a la Iglesia eximirse de toda responsabilidad por la ejecución y muerte de los acusados. La fórmula dice: "Debemos relajar y relajamos la persona del dicho fulano a la justicia y brazo seglar, especialmente a fulano, corregidor de esta ciudad y su lugarteniente en dicho oficio. A los cuales rogamos y encargamos, muy afectuosamente, como de derecho mejor podemos, se hayan benigna y piadosamente con él".

Una vez leída la fórmula, el reo era entregado a la justicia, la cual se encargaba de quemarlo.

La inquisición perseguía, acusaba, torturaba y condenaba pero no mataba. Esto lo hacía el verdugo, un ser impersonal, con la cara tapada, sin nombre, que, por lo mismo, podía matar sin ninguna consecuencia moral.


8. MUERTE POR ASFIXIA

De esta forma, los reos relajados, miembros corruptos del cuerpo de Cristo, víctimas contaminadas de herejía, debían ser quemados, disgregados, separados sus componentes de forma que no pudieran volver a ser en el otro mundo, cualquiera que éste fuese. Con esto se erradicaba la simiente del mal.

Entre las llamas, el chivo expiatorio, escogido por el conjunto de la sociedad para expiar sus propias culpas, consumaba la transferencia del mal, eliminándolo y permitiéndole al conjunto de la sociedad salir purificado.

 

Esta última parte es propiedad de:

Banco de la República  Biblioteca Luis Ángel Arango   Colombia

Instrumentos de tortura


Este torniquete se introducía en la boca, el ano o la vagina. Y se abría hasta mutilar al atormentado. 

 

El método Estapardo: consistía en atar al sujeto por la espalda, subirlo con una polea varios metros y dejarlo caer. Antes de tocar el suelo era detenida la cuerda, para romper los músculos y huesos del desdichado

 

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El Potro

 

 

EL GARROTE


CAMARA DE TORTURA:


 


 4- Mis Opiniones:    

El demonio ha muerto.  Pero pronto resusitará.

Raúl Cadena Cepeda.         Septiembre 2,002


 Bibliografía:

1-     Hipnotismo, magnetismo y sugestión.-------Paul C. Jagot.

2-     El Mundo y sus demonios.---------------------Carl Sagán.

3-     Historia de las sociedades secretas-------- Santiago Valentí Camp.

4-     Vatican facts--------------------------------------LoBello. 

     5- Psicocibernetics ---------------------------------- Sideney Petne.

     6- Vivir mejor, con autohipnosis ------------------- Frank S. Karpa.

     7- Curso básico de hipnotismo. ------------------- Harry Arones.

     8- Self hipnotism. ------------------------------------ Leslyle M. Crom.

     9- La inquisición Española.------------------------- Henry Kamen.

 

            Banco de la República  Biblioteca Luis Ángel Arango   Colombia

        CARO BAROJA, Julio, El señor inquisidor y otras vidas por oficio, Madrid, Alianza Editorial, 1983.

        DUFOUR, Gérard, La Inquisición española, Barcelona, Biblioteca de Divulgación Temática Montesinos, 1986.

        GENEP, Arnold van, The rites of passage, Londres, Routledge and Kegan, 1960.

        HENNINGSEN, Gustav, El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición, Madrid, Alianza Editorial, 1983.

        JIMENEZ MONTESERIN, Miguel, Introducción a la Inquisición española, Madrid, Biblioteca de visionarios heterodoxos y marginados,                 Editora  Nacional, 1980.

        MEDINA, José Toribio, La Inquisición en Cartagena de Indias, Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1978.

        MURRAY, Margaret, El culto de la brujería en Europa occidental, Barcelona, Editorial Labor, 1978.

        SAVATER, Fernando; VILLENA, Luis A. de, Heterodoxias y contracultura, Barcelona, Biblioteca de Divulgación Temática Montesinos, 1982.

        TEJADO FERNANDEZ, Manuel, Aspecto de la vida social en Cartagena de Indias durante el seiscientos, Sevilla, Publicaciones de la                 Escuela de Estudios Hipanoamericanos de Sevilla, 1954.

 

 


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