LA INFALIBILIDAD PAPAL

Uno de los temas que ha sido motivo de conflicto, entre el pensamiento científico y el religioso, es el de la infalibilidad papal. Este postulado ha hecho cada vez mas amplia la brecha entre estas areas del saber humano, y genera diferencias básicas e irreconciliables entre las mismas.

Desde el punto de vista de la ciencia, existen ciertas normas inmutables, y estas son las leyes de la naturaleza. Por otra parte, los valores éticos son relativos, y quedan definidos por las circunstancias particulares de quien juzga el hecho, bueno, o malo.

El pensamiento religioso por otra parte, sostiene que las normas morales son inmutables, y que las leyes naturales pueden ser alteradas por efecto de la Divinidad, y a veces por intermediación de los santos.

Me refiero a los cambios que supuestamente se dan en los fenómenos naturales, por efecto de los milagros.

La filosofía, en su búsqueda de la verdad, parte de verdades autoevidentes, y de ahí en adelante, hace uso del razonamiento, para encontrarla.

En las disciplinas científicas, hacemos uso de la observación de los fenómenos naturales y confiamos en los sentidos, para interpretar al mundo que nos rodea.

En Religión, nos apoyamos en revelaciones y textos sagrados. Y la fase epistemológica, la dejamos a la interpretación que hace la jerarquía eclesiastica.

De partida, nos encontramos con una grave dificultad. Existe un diálogo entre un sordo y un mudo.

Y para agravar mas la situación, nos topamos con el mencionado tema de la infalibilidad papal, y de la irreformabilidad de las tesis vertidas por un papa.

Esto impide a un pontífice, corregir el rumbo fijado por un predecesor, en casos de manifiesta evidencia de errores originalmente sostenidos.

Esto último, no lo menciono para asuntos de espiritualidad, pues siendo de carácter metafísico, no se dan conflictos con los criterios filosóficos y científicos.

Sin embargo, donde se dan los enfrentamientos, son en asuntos de la moral, ética, antropología e historia. Temas como el del control de la natalidad, la eutanasia, la política, ( ver: Quanta Cura, de Pio lX ), y desde luego, las tesis biológicas o la autenticidad de los textos sagrados, en lo relativo a la creación de universo. Esto es motivo de permanentes confrontaciones.

No es posible recurrir en estos tiempos, al concepto de la verdad dual. Para el cristiano es importante reconciliar su fe, con los postulados de las realidades del mundo, de la filosofía, y de la ciencia. ( ver: la filosofía de la ciencia. ) Procedimiento que santo Tomás inició, en la summa teológica.

Otro tema importante, es el conflicto que se da con el ala liberal del catolicismo. Asunto que no se ha zanjado plenamente.

La posición de los pensadores católicos liberales, es que es demasiado pretencioso para el ser humano, declararse infalible.

Si consideramos como válida la letra de la biblia, nos topamos con que Dios tuvo que destruír a la humanidad con un diluvio, dejando vivir a un solo puñado de seres humanos, como castigo por su desobediencia.

El tener que corregir su magno proyecto, manifiesta un cierto grado de falibilidad por parte de la divinidad. 

( El autor de este ensayo, no cree en el diluvio universal. Por lo tanto,  no tiene que preocuparse por estos cuestionamientos metafísicos.)

Y suponer que el papa tiene un grado de infalibilidad mayor,  que el que la biblia le otorga a Dios padre, es una posición bastante debil.

 

A muchos de los lectores les parecerá que el dogma de la infalibilidad lo recibimos desde la edad media, pero no es así.

Fué a raiz del concilio vaticano l, que estas tesis quedaron establecidas como obligatorias de credo para todos los católicos. A continuación, el tema de la Constitucion dogmatica sobre la Iglesia de Cristo,  Pastor Aeternus -

 

Recopilación: Raúl Cadena Cepeda.

Rev: 14 Nov,2000



Dado en Roma en sesión pública, sostenido solemnemente en la Basílica Vaticana en el año de nuestro Señor de mil ochocientos setenta, en el decimoctavo día de julio, en el vigésimo quinto año de Nuestro Pontificado.------------------------------------------- Su Santidad : PIO lX

 

Constitucion dogmatica sobre la Iglesia de Cristo Pastor Aeternus - 

Capítulo 4: Sobre el magisterio infalible del Romano Pontífice

Aquel primado apostólico que el Romano Pontífice posee sobre toda la Iglesia como sucesor de Pedro, príncipe de los apóstoles, incluye también la suprema potestad de magisterio. Esta Santa Sede siempre lo ha mantenido, la práctica constante de la Iglesia lo demuestra, y los concilios ecuménicos, particularmente aquellos en los que Oriente y Occidente se reunieron en la unión de la fe y la caridad, lo han declarado.

Así los padres del cuarto Concilio de Constantinopla, siguiendo los pasos de sus predecesores, hicieron pública esta solemne profesión de fe: «La primera salvación es mantener la regla de la recta fe... Y ya que no se pueden pasar por alto aquellas palabras de nuestro Señor Jesucristo: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia"[22], estas palabras son confirmadas por sus efectos, porque en la Sede Apostólica la religión católica siempre ha sido preservada sin mácula y se ha celebrado la santa doctrina. Ya que es nuestro más sincero deseo no separarnos en manera alguna de esta fe y doctrina, ...esperamos merecer hallarnos en la única comunión que la Sede Apostólica predica, porque en ella está la solidez íntegra y verdadera de la religión cristiana»[23].

Y con la aprobación del segundo Concilio de Lyon, los griegos hicieron la siguiente profesión: «La Santa Iglesia Romana posee el supremo y pleno primado y principado sobre toda la Iglesia Católica. Ella verdadera y humildemente reconoce que ha recibido éste, junto con la plenitud de potestad, del mismo Señor en el bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, cuyo sucesor es el Romano Pontífice. Y puesto que ella tiene más que las demás el deber de defender la verdad de la fe, si surgieran preguntas concernientes a la fe, es por su juicio que estas deben ser definidas»[24].

Finalmente se encuentra la definición del Concilio de Florencia: «El Romano Pontífice es el verdadero vicario de Cristo, la cabeza de toda la Iglesia y el padre y maestro de todos los cristianos; y a él fue transmitida en el bienaventurado Pedro, por nuestro Señor Jesucristo, la plena potestad de cuidar, regir y gobernar a la Iglesia universal»[25].

Para cumplir este oficio pastoral, nuestros predecesores trataron incansablemente que el la doctrina salvadora de Cristo se propagase en todos los pueblos de la tierra; y con igual cuidado vigilaron de que se conservase pura e incontaminada dondequiera que haya sido recibida. Fue por esta razón que los obispos de todo el orbe, a veces individualmente, a veces reunidos en sínodos, de acuerdo con la práctica largamente establecida de las Iglesias y la forma de la antigua regla, han referido a esta Sede Apostólica especialmente aquellos peligros que surgían en asuntos de fe, de modo que se resarciesen los daños a la fe precisamente allí donde la fe no puede sufrir mella[26].

Los Romanos Pontífices, también, como las circunstancias del tiempo o el estado de los asuntos lo sugerían, algunas veces llamando a concilios ecuménicos o consultando la opinión de la Iglesia dispersa por todo el mundo, algunas veces por sínodos particulares, algunas veces aprovechando otros medios útiles brindados por la divina providencia, definieron como doctrinas a ser sostenidas aquellas cosas que, por ayuda de Dios, ellos supieron estaban en conformidad con la Sagrada Escritura y las tradiciones apostólicas.

Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos»[27].

Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial.

Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno.

Pero ya que en esta misma época cuando la eficacia salvadora del oficio apostólico es especialmente más necesaria, se encuentran no pocos que desacreditan su autoridad, nosotros juzgamos absolutamente necesario afirmar solemnemente la prerrogativa que el Hijo Unigénito de Dios se digno dar con el oficio pastoral supremo.

Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

[Canon] De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema.

Dado en Roma en sesión pública, sostenido solemnemente en la Basílica Vaticana en el año de nuestro Señor de mil ochocientos setenta, en el decimoctavo día de julio, en el vigésimo quinto año de Nuestro Pontificado.

Su Santidad : PIO lX

[22] Mt 16,18.

[23] Fórmula del Papa Hormisdas, 11 de agosto de 515.

[24] De la profesión de fe del Emperador Miguel Palaeólogo, leída en el segundo

Concilio de Lyon, sesión IV, 6 de julio de 1274.

[25] Concilio de Florencia, sesión VI.

[26] San Bernardo, Carta 190 (Tratado a Inocencio II Papa contra los errores de

Abelardo ) (PL 182, 1053D).

[27] Lc 22,32.

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